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Historia:
El 6 de julio de 1964 se bendijo el Templo de San Juan Bosco; y para enero de 1966 tendría su primer novenario. El 11 de julio del mismo año el Sr. Garibi consagró el altar, colocando reliquias de San Clemente y Santa Daría. En 1966 se tuvo ya el primer novenario vespertino en honor a San Juan Bosco. Tenía Misa sólo ocasionalmente. El P. Mariano Ramírez, que en Jesús María había construido el Lienzo Charro, llega el 6 de julio de 1969 como coadjutor. El Sr. Cura Rafael falleció el 22 de febrero de 1972, por lo que el P. Mariano fue nombrado párroco el 29 de julio de 1972. Donó el campo para Lienzo Charro y plaza de un núcleo de población que fue creciendo y desarrollándose. El P. Ramón Pérez Mata se dio a la tarea de promover en la Colonia las estructuras de una vicaría, con celebración de Misa los martes y los domingos, y amplió el templo de San Juan Bosco, obra que bendijo el 31 de enero de 1996. Aunque no se conserva el documento donde se autoriza a tener el Sagrado Depósito, el templo está inscrito en el Jubileo Circular del Santísimo Sacramento al menos desde 1994. Ahora tiene Misa todos los días, ha crecido la población, y sus fiestas son muy frecuentadas por sus kermesses y serenatas. San
Juan Bosco:
San Juan Bosco nació en 1815 de una familia campesina en la provincia de Turín, al norte de Italia, y vivió las limitaciones de un huérfano pobre. Como sacerdote, se sintió llamado a la evangelización de los adolescentes y jóvenes en situaciones críticas. Recorrió los barrios de Turín reuniendo centenares de niños de la calle, fundando obras para la juventud y escuelas de artes y oficios. Fue uno de los grandes educadores de su siglo. Su pedagogía tiene como fundamento la firmeza y el afecto, animada por un gran espíritu sobrenatural, apoyada en la frecuencia de los Sacramentos. En 1857 fundó la sociedad de los Padres Salesianos, inspirada en el espíritu de San Francisco de Sales, y la sociedad de María Auxliadora. Sus aventuras fueron innumerables. Nada le desalentaba, pues su confianza en Dios era ilimitada. Por eso sus fundaciones parecen prodigiosas. Murió en 1888, a los 73 años de edad, agotado por los trabajos. Al morir, la Sociedad Salesiana y la Congregación de Hijas de María Auxiliadora habían alcanzado su influencia hasta la Tierra del Fuego. Hoy
como entonces, nos arrimamos a él esperando milagros. Pero su más
grande gozo fue ver florecer entre sus muchachos a Santo Domingo Savio.
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