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Construcción
del templo:
El Señor Cura Rafael Pérez había conseguido terreno para templo y plaza, pues el templo parroquial ya resultaba insuficiente, y la población se extendía hacia Los Tepetates. Simón Ibarra, Pomposo Rentería y Baudelio Cervantes desde 1948 donaron sus terrenos, aunque sólo escrituró este último. La primera Misa en San José se celebró el 25 de enero de 1952. Pero el 26 de octubre del mismo año se suspendió la obra porque la deuda ascendía a 558 pesos. El señor Cura se dio a la tarea de andar casa por casa, y por comercios y cantinas, colectando cada ocho días para las obras del templo. El 13 de noviembre de 1955, en visita pastoral, San José iba hasta la cornisa. En 1956 emprende de lleno sus obras, con faenas de toda la gente, que, en cadenas humanas, de mano en mano, pasaban los ladrillos desde la ladrillera del puente hasta el templo. El 8 de enero de 1959 enfermó el maistro. Reanuda la obra de julio de 1960 al 12 septiembre de 1961. Sigue hasta el 7 agosto 1963. Ya el 5 de marzo se había puesto la luz. El señor cura sigue sus campañas de colectar por las casas. Los maistros albañiles fueron: Juan Rodríguez, Julián Guzmán, Prisciliano Barragán y Eduardo Rodríguez, con su hermano y su padre. Cada domingo, como se señala en la visita pastoral del 16 de diciembre de 1957, hay Misa a las 9 en San José. Primero en las Colonias, y después frente al terreno del templo, los padres Angel Zavala (28 febrero 1954 a 2 agosto 1960), Manuel Cedeño (14 julio de 1956 a 11 julio 1964) y Antonio Sandoval (1 agosto 1960 a 3 noviembre 1964) estuvieron atendiendo la Escuela de Artes y Oficios. El P. Mariano Ramírez llega el 6 de julio de 1969 como coadjutor. El 29 de junio de 1972 se realizó la celebración de erección de la diócesis de San Juan de los Lagos. Tras la muerte del Sr. Cura Rafael (22 de febrero de 1972), fue nombrado párroco el 29 de julio de 1972. Continuó la construcción del templo de San José, contando sobre todo con la ayuda de los hijos ausentes, sobre todo de los que trabajan en los estados unidos. Y así llevó el templo hasta su consagración, celebrada el 1 de mayo de 1977, por el Excmo, Sr. Francisco Javier Nuño Guerrero, primer obispo de San Juan. Su hermano Ing. J. Ramírez Nogales se encargó de la cúpula. Pero la devoción a San José ya era antigua en la parroquia. Porque la bella imagen de San José que se venera en el templo parroquial es antigua, aunque no se tienen datos sobre su adquisición. Pero ya el P. Ladislao Lupercio solicita un permiso para una asociación en honor a San José. El P. José Oropeza, de la diócesis de Culiacán, se vino por motivos de salud y responsabilidades familiares, y fue nombrado vicario adscrito el 9 de julio de 1986. En un arreglo de palabra con el señor cura Mariano, se hizo cargo del templo de San José, funcionando a manera de Capellanía, con Misa diaria, y servicios de mantenimiento y atención espiritual. Se obtuvo permiso para conservar la Sagrada Eucaristía en el templo de San José, el 6 de julio de 1999. Es cabecera de la Zona San José, cuyos centros son: Picazo, Tepetates y Aldama. Se quiere formar ámbitos de comunidad más cercanos a las personas, y propiciar una atención más personal. En
este templo se han celebrado las Primeras Comuniones, presididas por el
obispo diocesano, desde 1982, en el aniversario de su Dedicación,
y como homenaje en el onomástico del Señor José López
Lara y el Señor José Trinidad Sepúlveda.
Figura
de San José
José fue depositario del Misterio de Dios. Como Abraham, obedeció en la fe e hizo lo que Dios quería. Le tocó participar en esta fase culminante de la manifestación plena de Dios en Cristo. Su grandeza radica en su servicio de paternidad. Jesús es Hijo del Padre por la generación eterna en el seno de la Trinidad; es Hijo de María por la Encarnación; y es Hijo de José en virtud del matrimonio de éste con María. En ese matrimonio se dio el don esponsal de sí mismo, el amor oblativo, el signo de la Alianza, en plena libertad de ellos. Cristo inició la redención del matrimonio y la familia tomando esta pareja virginal. Esa familia fue una Iglesia doméstica, donde el Hijo de Dios crecía, adquiría los valores básicos, las orientaciones de comportamiento y la inserción en el mundo. Toda la vida y capacidades de San José estuvieron al servicio de esta misión de ser padre. Fue custodio de la vida privada y escondida de Jesús. Aunque los Evangelios no citan ni una sola palabra de José, él tuvo un papel esencial en algunos pasajes de la vida de Jesús: el censo, el nacimiento en Belén, la circuncisión, la imposición del nombre, la presentación al templo, la huída a Egipto, la travesura de quedarse en el templo a los 12 años; el mantenimiento y la educación de Jesús en Nazaret. La Ley pedía que el padre de familia enseñara a su hijo la Ley y su oficio, además de vestirle y alimentarle. La Biblia lo elogia llamándole "varón justo" y "esposo de María". En el plan de Dios entraba esta vocación, y El se encargó de armonizarla con el deseo que conservaba María en su intimidad de entregarse a Dios de modo exclusivo. Su amor de hombre fue regenerado por el Espíritu Santo, para ser no sólo sexual sino ante todo el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Hay otra proximidad esponsal, más intensa espiritualmente, que procede del Espíritu Santo. El matrimonio y la virginidad consagrada son dos formas de expresar y vivir el único misterio de la Alianza de Dios con su pueblo. "Mediante el sacrificio total de sí mismo, José expresa su generoso amor hacia la madre de Dios, haciéndole don esponsal de sí". No se acercó a ella sexualmente, pero estuvo más cerca de ella que ningún otro: compañero de vida, testigo de su virginidad, tutor de su honestidad, unido en una comunión de amor espiritual, y partícipe de la grandeza de ella. Su paternidad no deriva de la generación, pero tampoco es sólo aparente o sustitutiva, sino una auténtica paternidad humana. Jesús asumió todo lo humano, también la familia, en la cual José es el jefe. Por obediencia de fe, aceptó las responsabilidades de padre respecto a Jesús, y descubría cada vez más el don inefable de su paternidad. Expresión diaria de ese amor en la vida de nazaret es el trabajo. Jesús participa en el trabajo de José. El trabajo ha formado parte del misterio de la Encarnación y redimido de modo particular. El silencio de José nos revela el primado de la vida interior, en clima de profunda contemplación. Este ejercicio de devoción no se comprende en este tiempo de superficialidad. Pero sólo podía realizar su misión en una vida de intensa oración. El Papa Pío IX en 1870 declaró a San José patrono de la Iglesia universal. Cristo es la Cabeza de su Cuerpo místico, inseparable de él. Así que la fidelidad de San José para cuidar a Jesús es la misma para cuidar a la Iglesia. Si Dios confió a su custodia su tesoro más preciado ¿cómo no le va a confiar la Iglesia? Además de servir como modelo de seguimiento de Jesús, y de servicio a que en el mundo se realice el plan de Dios. Que en sus fiestas "él nos indique el camino de esta Alianza salvífica, ya a las puertas del tercer milenio, durante el cual debe perdurar y desarrollarse ulteriormente la plenitud de los tiempo que es propia del misterio inefable de la Encarnación del Verbo". El
medio familiar
El medio familiar tiene gran importancia para el desarrollo de las personas: en él se reciben impresiones y se adquieren conocimientos y hábitos. El niño, imitador por naturaleza, tiene el primer contacto con la vida a través del medio familiar, y de ahí desarrolla el móvil de sus acciones a lo largo de su vida. Para que un medio familiar sea bueno físicamente se necesita a) Saber usar de los distintos elementos naturales (aire, sol, agua).Para que un medio familiar sea moralmente bueno es necesario que haya religiosidad, pureza de costumbres, alegría y armonía. Tener un alto concepto de la vida y altos ideales ayuda a elevar el nivel moral de la familia. Este concepto se falsea por el orgullo, por el apego a los bienes materiales y por el deseo inmoderado de placeres. Las
principales virtudes familiares son:
Una familia necesita esparcimiento: interrumpir su actividad para rehacer sus fuerzas, recuperar sus energías, ponerse en condiciones de proseguir con impulso renovado sus labores ordinarias. Los momentos familiares de esparcimiento permiten estrechar los lazos familiares, conservan tradiciones, aumentan los recuerdos, distensionan la vida. Es necesario recuperar esos momentos, pues ahora los cumpleaños, XV años, aniversarios, se realizan fuera de casa y con extraños, muchas veces pagando todo el paquete de servicios; o la televisión y compromisos sociales absorven todo el tiempo libre. Es preciso que la familia se reencuentre a sí misma, sin convenciones sociales, para confidencias, expresión de afectos, remover prejuicios, descansar, perdonarse ofensas, recomenzar propósitos. Algunas actividades que podrían realizarse: conversaciones familiares (comentar los hechos, intercambiar ideas y sentimientos, contar historias, chistes y bromas soportables); lecturas o videos formativos (amplia cultura, forma criterio, crea atmósfera); música (selección de calidad para apreciarla); juegos de mesa (para desarrollo del ingenio y atención, si no entra la apuesta o la trampa). También hay actividades de esparcimiento fuera del hogar: excursiones, paseos, visitas a museos, exposiciones, monumentos, teatro, deporte. Hay que saber escoger, no abusar de ellos, hacer que tengan una repercusión dentro del hogar, que unan y no dividan. En todo hogar hay penas y conflictos. Pueden venir por la diferencia de caracteres, por las preocupaciones y sufrimientos de cada uno, por la conducta de alguno, por la diferencia de ideas (en cuestión religiosa, política o cultural), por el estado de salud, por presiones morales o deudas económicas. También pueden provenir de fuera: críticas, prejuicios, intromisión de otras personas, situación del país. Pueden
ser ocasión de unir fuerzas para superarse; o de hundirse y disgregarse.
Debemos verlas con espíritu cristiano, participación de la
Pascua de Cristo, integración del dolor en la vida, merecimiento
de redención y fuente de gracias.
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