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DESCRIPCION
GENERAL :
De acuerdo a la tradición católica, el templo está construido en dirección hacia el oriente, es decir, el altar señala el lugar la salida del sol, ya que el lucero matutino es símbolo de Cristo resucitado. Los judíos dirigen su oración hacia Jerusalén; los musulmanes hacia La Meca; los cristianos hacia el oriente: "Como el relámpa go que viene del oriente, así será la venida del Hijo del Hombre" (Mateo 24,27). Caminamos al encuentro del Sol que jamás se ocultará. El frente del templo está al poniente, hacia la Calle Hidalgo, al extremo sur de la cuadra, haciendo esquina con la Calle Silvano Barba González. Su rectángulo central evoca el arca de Noé, figura profética de la Iglesia: una nave lanzada al espacio que se dirige hacia el Oriente. Avanzamos así desde las tinieblas hacia la luz. El templo tiene planta en cruz latina irregular, ajustado al terreno disponible, y es de una sola nave. Simboliza así el centro del mundo a donde confluyen los cuatro puntos cardinales y desde el cual se difunde la bendición a todo el mundo. Es el nuevo Tabor de la Transfiguración (Tabor viene de "tabbûr" = ombligo). Y es también el nuevo Calvario, centro de la historia, pues la tradición dice que la Cruz se elevó sobre la tumba de Adán. El templo es como un Cristo gigante tendido en nuestro suelo, en oración, abrazando a todo el universo. Es el Arbol de la Vida plantado al centro del nuevo Paraíso, la Ciudad fortificada que nos salva. Al entrar, sentimos entrar a un jardín florido, por la abundante decoración vegetativa en finas y juguetonas molduras de cantera. La tierra que produce cardos y espinas por la maldición del pecado, aquí se transforma en superación triunfal: por la celebración, retornamos al paraíso perdido. Hojas, flores, gemas, fuentes, festones, guirnaldas, parece una fiesta primaveral. Todo nos habla del triunfo y una lluvia de flores como gemas pendientes de la gloria. Es el nuevo paraíso; es el jardín de la Resurrección. Los
muros del templo son de calicanto, en piedra rústica negra. Por
dentro, sus pilastras de cantera simulan columnas de media caña
deteniendo la cornisa. Las pilastras en la nave son palmas estilizadas
en torno al árbol de la vida, símbolo de la Iglesia fértil,
longeva y aún imperfecta. Los muros tienen recubrimientos de cal,
con grandes pinturas murales guadalupanas en sus claros, enmarcados por
artísticas molduras en cantera, que nos ponen en contacto con la
historia de México y el acontecimiento guadalupano. Tiene amplias
ventanas rectangulares en los tímpanos laterales de cada cuerpo
de bóvedas.
Tiene una gran cúpula renacentista al centro, sobre el espacio en que se cruzan los transeptos con la nave. La cúpula es como el cielo de los cielos apoyado sólidamente sobre la cruz de piedra. Recuerda la Jerusalén celestial que desciende del cielo, mostrando la interacción entre el círculo y el cuadrado (Apocalipsis 21,16). El cubo representa lo estático y terrestre; y desde dentro de él sube la oración en un dinamismo circular, como el movimiento de los astros en torno al centro cósmico. La cúpula traduce el movimiento descendiente del amor divino, y cubre a todos bajo su protección, formando un solo Cuerpo en Cruz, salvados de la angustia del espacio infinito, conteniendo la totalidad del espacio organizado. Su piso es de mosaico de pasta simulando granito, colocado sobre el granito auténtico que le sirve de firme, el cual a su vez fue colocado sobre el decorado piso de mosaico original. A Moisés Dios le dijo: "Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es tierra sagrada" (Exodo 3,5). Vamos dejando toda solicitud mundana a medida que nos adentramos más al lugar santo. Así llegaremos hasta las gradas del presbiterio, en un movimiento de ascención, el camino que nos conduce a la Santa Montaña. Todo converge hacia el retablo del altar mayor, foco litúrgico de convergencia, microcosmos eclesial, cuya concha proyecta la luz hacia María y hacia el Crucifijo. La Iglesia terrestre contempla en enigma, como en espejo e imágenes, a la Iglesia celeste, en la cual veremos a Dios cara a cara. Ahí está la Tienda del Encuentro, el lugar donde los serafines cantan el trisagio. Por eso los racimos estilizados, cargados de uvas, como bellas ruedas de serpentinas, dan cuerpo al Sagrario bajo el Crucifijo, en las gradas del altar mayor. Al fondo, hacia el oriente, está el presbiterio, espacio central que muestra el rostro de Dios y la protección de su Madre. Ahí está el retablo del altar mayor, estilo neoclásico, en cantera blanca y rosa, con molduras barrocas. Es la meta a la que conduce la puerta real. Es el lugar de mayor carga de presencia sobrenatural que nos envuelve. En un juego paradisiaco, se entrelazan figuras de plantas, flores y animales, en torno al trono del Rey. Y arriba, nuestra Madre de Guadalupe, en actitud orante y humilde, reúne a todos sus hijos en la asamblea eucarística y los cubre con su velo de protección. Es el tálamo nupcial del Cordero con su esposa la Iglesia emblematizada en María. Cristo explica la totalidad del templo. La puerta principal, centro de la fachada, propone a Cristo en cuanto puerta del redil y rey entronizado a su templo. Por El entramos al nuevo paraíso, en un movimiento procesional que nos lleva hacia el presbiterio, cuyo foco de atención en lo alto nos propone nuevamente a Cristo como sol de justicia y meta del caminar, como el que se revela en la zarza, como oriente y fuente de santidad, como el santo de los santos ya sin velo. Cristo es así el origen y la meta, el principio y el fin, el alfa y la omega. Su planta en forma de Cruz nos recuerda a Cristo en su abrazo pascual al universo. Eso en la tierra. Pero también se encuentra el cielo con la tierra. Al centro del edificio, la cúpula es como el cielo que desciende, como el centro de los cielos abiertos al encuentro de su pueblo. Cristo es la luz que desciende e ilumina todo el espacio, dándole altura. Se da el admirable intercambio: el centro de la tierra está bajo el centro del cielo. "Vi la ciudad santa, la nueva jerusalén que descendía del cielo, engalanada como una novia para su Esposo" (Apocalipsis 21,2). Al norte colinda: con el curato desde el fondo al crucero, y el resto, con casa y corral propiedad de Daniel Jiménez, que se extiende hasta el portal. El Señor ha venido a habitar entre las casas de los hombres: "El Verbo se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros" (Juan 1,14). Tiene atrio al frente y al costado sur. El templo de Jerusalén era visto como imagen del universo: el atrio representaba el mar; el santuario la tierra; y el santo de los santos el cielo. El espacio desorganizado y profano se convierte de pronto en espacio organizado y sagrado. Hay una transición desde las preocupaciones mundanas y la lucha por la supervivencia, hasta la contemplación de lo eterno y la comunión con Dios. En el cubo base de la torre tiene una capilla interior dedicada a Nuestra Señora del Carmen; y al otro lado una donde hasta ahora están unas criptas. En ambas capillas existen unas pilas aparentes de bautismo, pues no tienen desagüe a tierra ni se usan para la celebración de dicho sacramento. La sacristía está al oriente, detrás del grueso muro del retablo. Hay
también retablos más austeros en los transeptos o cruceros,
también en cantera. El norte y el sur participan del encuentro salvador,
como los brazos del Cristo cósmico sobre el mundo que ofrecen todo
el universo. Juan Diego en el Tepeyac se sintió "en la tierra de
las flores, en la tierra de nuestro sustento, en la tierra celestial".
El cerro florecido en el invierno, como la transformación del desierto
en vergel en la Biblia, era el símbolo de la unión de Dios
con el hombre y de los hombres entre sí en un único abrazo
de reconciliación.
El templo parroquial de Valle de Guadalupe mide aproximadamente 34.40 metros de longitud (es más largo en el norte, un poco inclinado en los cruceros) por 8 metros de ancho en su interior. Su altura al interior es de 13.56 m. Como templo dedicado al culto católico, es propiedad del Estado, bajo la administración del párroco en turno, diócesis de San Juan de los Lagos. No se tienen documentos de propiedad. Jorge Romo dice que el templo se construyó en terrenos donados por doña Refugito Franco y don José María Pérez. No se le hizo otra torre porque, según afirmación de Francisco Barba y Barba, el dueño del portal anexo no vendió los 5 metros necesarios. Es
un templo construido siguiendo algún plano colonial, ecléctico
en su estilo, predominando el neoclásico, con algunos elementos
barrocos. Está dedicado a la Santísima Virgen de Guadalupe.
Pero nosotros no somos los que le indicamos a Dios dónde debe habitar
ni escuchar las súplicas de su pueblo. "El Altísimo consagra
su morada" (Salmo ). El Arca de la Alianza (Exodo 36,34), la Tienda del
Encuentro (Exodo 25,8-9), y el templo de Salomón (1 Crónicas
28,12.19) fueron construidos según el modelo inspirado por el Espíritu
Santo y preparado desde los orígenes (Sabiduría 9,8; Ezequiel
4,10-11). El arquitecto supremo es el Angel del templo (Apocalipsis 21,15).
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