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Un sector grande e importante de nuestra comunidad lo constituyen los enfermos y ancianos. Basta saber que se lleva la Comunión sacramental cada viernes a unas 40 personas en esas condiciones. Y es preciso seguir trazando algunas líneas de atención pastoral en su favor. Algunos enfermos y ancianos se sienten relegados de comunidad y la familia. Ya no pueden asistir diariamente al templo, ni siquiera el domingo. La enfermedad y la muerte son realidades humanas, no desesperante fracaso. No es rara la sensación de inutilidad y abandono, tentativas de suicidio, ir a curanderos y brujos, a sectas que predican sanación, la marginación de la comunidad. Necesitan un acompañamiento pastoral más cercano y adaptado. Los sacerdotes no pueden atenderlos en domingo, ni en la hora más acomodada al enfermo. No tenemos equipos fijos de atención a ellos, con carisma propio. Para que el gran don de la comunión eucarística estuviera al alcance de todos, la Instrucción "Inmensae charitatis" establecía la posibilidad de instituir ministros extraordinarios de la comunión, para los enfermos, y en casos extraordinarios también en el templo. La Instrucción "Dies Domini" sobre el domingo hizo ver la obligación de celebrar el domingo, también por parte de los enfermos y quienes viven lejos. El Ritual de Celebración Dominical en ausencia del presbítero insiste en que los ministros extraordinarios asocien a los enfermos en la celebración de la comunidad. El magisterio pastoral actual de la Iglesia insiste en la promoción del protagonismo de los laicos, y la respuesta a las necesidades mediante agentes de pastoral. No es pereza de los sacerdotes, ni una moda, ni autoritarismo laical, ni un premio. El ministerio es un servicio permanente en la comunidad, para responder a una necesidad, y ejercido oficialmente con aceptación de la misma comunidad. No se trata tanto de crear ministros, sino de descubrirlos, discernir si lo hacen por vocación, ofrecerles capacitación hasta su reconocimiento oficial. En la Iglesia todos ejercemos nuestros dones y carismas al servicio de la comunión eclesial. La comunión eclesial tiene su signo y plenitud en la comunión sacramental. Iniciaremos en nuestra comunidad la formación de algunos laicos que puedan ser designados por nuestro obispo como ministros extraordinarios de la Comunión, sobre todo para los enfermos, por un período renovable de un año. Al
llegar la aceptación personal de la Curia diocesana, celebraremos
el rito de Institución del Ministerio, conforme al ritual
de la "Inmensae charitatis".
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