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La alianza matrimonial, por la que un varón y una mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma naturaleza al bien de los esposos y a la generación y educación de los hijos, fue elevada por nuestro Salvador Jesucristo a la dignidad de Sacramento entre los bautizados. Entran asíe en la Redención de Cristo realidades humanas tan importantes como la sexualidad, la generación, el amor. Por tanto, entre bautizados no puede haber contrato matrimonial válido fuera del Sacramento del Matrimonio. Es decir, si no han pasado por el Sacramento del Matrimonio, son amantes o adúlteros, pero no esposos. El matimonio cristiano es exclusivo de uno con una, y sólo se disuelve con la muerte (Código de Derecho Canónico c. 1056). Este Sacramento merece respeto porque es algo sagrado. El Matrimonio lo produce el consentimiento de las partes, legítimamente manifestado ante personas hábiles por derecho, consentimiento que ningún poder humano puede suplir. Dicho consentimiento matrimonial es un acto de la voluntad por el cual el varón y la mujer se entregan mutuamente en alianza irrevocable para vivir permanentemente en matrimonio (Código, c. 1057). Los menores de edad no son hábiles para asumir ese compromiso, ni física ni psicológicamente. Pedir la mano es una tradición digna que toma en cuenta a quienes han formado a la novia, garantiza cierta aceptación social del futuro matrimonio, propicia el encuentro entre las familias que emparentarán, es el primer acto de responsabilidad por parte de los novios, y permite iniciar bien su camino, con la bendición de sus papás. Fugarse o presionar con relaciones sexuales no soluciona y sí complica. La Presentación Matrimonial se realiza en la parroquia donde tiene su domicilio la novia, al menos dos meses antes de la fecha prevista para el matrimonio, con el fin de alcanzar a cubrir los trámites. Se busca investigar a fondo sobre la madurez humana y cristiana de quienes van a casarse, para dar al Matrimonio su seriedad e importancia. Vivimos un tiempo de crisis, y debemos defender nuestros valores. Que no se reduzca el Matrimonio a algo puramente social, o hecho por presiones de la familia o del ambiente, ni que luego se anden separando o tramitando divorcio o nulidad. Los trámites pretenden ayudar a discernir la voluntad de Dios con realismo. Las Presentaciones Matrimoniales en nuestra parroquia se realizan los sábados, previa reservación y cita en la Notaría Parroquial. Se les pide: cuatro fotografías tamaño credencial de frente y recientes; acta reciente de Bautismo; comprobante de Confirmación; dos testigos de cada uno, mayores de edad, que los conozcan lo suficiente y declaren con la verdad; el testimonio del papá y de la mamá de cada uno, aunque sean mayores de edad; una constancia de soltero de las parroquias en las cuales hayan vivido por más de seis meses; comprobante de catequesis prematrimoniales; acta del matrimonio civil; y credencial de elector. Estas últimas tres pueden traerse después. Si tienen dificultad en alguna de las exigencias, es mejor hablar francamente con un sacerdote, que decidirse a vivir amancebados. No por el hecho de presentarse tienen la obligación de casarse. Una unión libre o un embarazo no son motivo suficiente para que se realice el Matrimonio; preferible un solo error y no una serie. A quienen sólo pueden disponer de un tiempo muy corto para tramitar su matrimonio, se les puede permitir hacer media presentación en el lugar donde viven, y enviar el expediente para que completarlo. "Antes de que se celebre el Matrimonio, debe constar que nada se opone a su celebración válida y lícita" (Código, c. 1066). Las amonestaciones se hacen exponiendo sus datos y fotografías en el mural del templo parroquial junto a la puerta mayor. "Todos los fieles están obligados a manifestar al párroco o al Ordinario del lugar, antes de la celebración del Matrimonio, los impedimentos de que tengan noticia" (Código, c. 1069). Si prevén dificultades o ven impedimentos, participen a conciencia; no crean que perjudican, sino que ayudan a largo plazo al bien de las personas. Las Catequesis prematrimoniales en nuestra comunidad son sólo cuatro (el Directorio Nacional de Pastoral Familiar pide 9), y se realizan los domingos de cada tercer mes (enero, marzo, mayo, julio, septiembre, noviembre), a las 11 horas, en el salón de adoradores. En la Notaría entregan la constancia firmada al apuntar sus testigos y padrinos. Ni la distancia ni el amasiato disculpan de esta obligación; quienes reciben la preparación en otra parroquia, traen la debida constancia a la notaría parroquial. El Matrimonio debe celebrarse en su propia parroquia. En caso de que sea en otro templo, deben proporcionar: el nombre completo del templo y del sacerdote que asistirá su matrimonio; recoger dicha autorización uno o dos días antes. Si el sacerdote que va a presidir no está en territorio de su parroquia, deben además pedir autorización al párroco del lugar (es requisito para validez). Aparten con tiempo el templo. Que los padrinos sean parejas de casados estables, maduras, de vida digna, capaces de ayudarlos a vivir su matrimonio cristiano. No pueden ser padrinos quienes viven en amasiato o adulterio, ni quienes están separados o viven escandalosamente. Deben acudir a firmar a la Notaría parroquial. Conviene que celebren con tiempo el Sacramento de la Reconciliación, tanto los novios (les obliga porque son ministros) como sus acompañantes. Para la celebración del Matrimonio los novios aprendan la fórmula del consentimiento, para que puedan decirla uno al otro, mirándose a la cara. Lleven un par de anillos, las arras y la mancuerna; lo demás es adorno social. Preparen las Lecturas, oración universal, moniciones; se encargue una persona distinta de los novios. Entre semana, si no es fiesta, pueden elegirse Lecturas y Oraciones del Ritual de Matrimonio; los sábados por la tarde, los tiempos fuertes, o las fiestas de guardar, sólo puede cambiarse una Lectura bíblica. No se aconseja hacer procesión de ofrendas simbólicas, pues ya el rito tiene sus propios signos. Como ofrendas llevan sólo lo que donen al templo para el culto o para los pobres; no se permite llevar cosas sólo para mostrar. En tiempo de cuaresma no se celebran Matrimonios: porque los sacerdotes estamos ocupados en clausuras de Ejercicios; no se podrían poner Lecturas ni oraciones de Matrimonio; no se permite adorno; no podrían hacer fiesta porque es tiempo de austeridad y penitencia, y las fiestas llevan derroche y hasta escándalo. Que el adorno del templo no distraiga ni quite vista al altar y al ambón; ni dé impresión de derroche o espectáculo. Los fotógrafos no deben distraer ni interumpir la celebración; desde un lugar fijo harán tomas durante la entrada, el rito del matrimonio (consentimiento, anillos, arras, mancuerna), la comunión y la salida. El templo no es estudio fotográfico. No se dejen explotar. Los cantos sean adecuados, permitan la participación del pueblo, no sean canciones profanas ni parodias. Excepto: el Ave María que puede cantarse al dejar al ramo; y la Marcha Nupcial, durante la salida. No se usen grabaciones. Todos deben vestir modestamente, de acuerdo a la dignidad del acto litúrgico. En nuestro ambiente es costumbre social que si la muchacha se fue de su casa para vivir con el muchacho ya no se casa de blanco, como sanción por una falta contra la comunidad; y que si han tenido relaciones sexuales antes del Matrimonio no llevan ramo de flores naturales, cuya ofrenda significa poner su virginidad al servicio de la maternidad. Quienes se casan en el mismo mes podrían formar un grupo de parejas jóvenes, o al menos celebrar juntos una convivencia de aniversario. Para quien tiene buena voluntad, no hacen falta normas; pero para quien no tiene voluntad de hacer las cosas, ninguna norma llega a ser suficiente. Movámonos siempre en el terreno de la fe, siguiendo a Cristo y sirviendo al Evangelio. ¿QUE
TAN SERIO ES EL JURAMENTO DE LA PRESENTACION MATRIMONIAL?
A diferencia de los testigos del registro civil del matrimonio, no se trata de llevar alguien que firme un documento en el cual consta que estuvieron presentes en la lectura de la Carta de Guillermo Prieto y que aceptaron las cláusulas del contrato. En la parroquia se trata de llevar personas adultas, de preferencia que no sean familiares, que conozcan muy bien y desde tiempo atrás al presunto contrayente, de suerte que puedan ofrecer una declaración fidedigna, apoyada por un juramento ante Dios. Se trata de un juramento solemne ante el representante de la Iglesia que en nombre de Cristo preside la vida de una comunidad cristiana y que va a hacerse responsable de la gestión de un Sacramento que compromete para toda la vida y genera una familia, célula de la sociedad y de la Iglesia. Dice la Palabra de Dios: "Ya no son dos, sino un solo ser; lo que Dios unió no lo separe el hombre" (Mateo 19,6) "¿Quién eres tú para pedir cuentas a Dios" (Romanos 9,20). Quien se casa por amor está dispuesto a perderlo todo, hasta dar la vida misma; se trata de una entrega total de toda su persona. El matrimonio no es un simple contrato, como la compraventa de una casa o de un ganado, sino una alianza de personas. Si aun los contratos de cosas están llenos de requisitos y condiciones; con mayor razón lo que está enraizado en la naturaleza humana, está ligado al amor y responsabilidad de los contrayentes, y elevado a sacramento por Cristo en su Iglesia. "Este es un misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia" (Efesios 5,32). Por eso se exige ese juramento en la declaración, a pesar de que Jesús dijo: "No juren... Que su palabra sea "sí" cuando es "sí" y "no" cuando es "no"; lo que se diga de más viene del maligno" (Mateo 5,34.37). Un juramento se justifica se encierra tres condicio nes: dice la verdad, se hace con justicia, y en caso de verdadera necesidad. Ante tantos matrimonios clandestinos que perjudicaban a la mujer y trastornaban el orden social, la Iglesia determinó ciertas condiciones para la validez del Sacramento del Matrimonio, como son: la Presentación, las Publicaciones o amonestaciones, y la delegación al sacerdote autorizado para asistir en nombre de la Iglesia como testigo solemne del consentimiento y para bendecir en nombre de Cristo la unión. Esto significa, pues, que se trata de algo muy serio, y que sería un pecado gravísimo callar verdades, declarar mentiras, buscar salidas honrosas, hacer componendas. Al hacerse en nombre de Dios, se le pone por testigo de una mentira, usando su Nombre sin respeto. Y va en perjuicio del Matrimonio que va a celebrarse y que originará una vida familiar, haciéndose cómplices de los males que se acareen. Es pecado si se duda si es verdad, o se sabe que es mentira. Se debe estar moralmente cierto: porque se conoce por propia experiencia, se oyó de personas que ofrecen total garantía, y se dice tal cual sin alterar, ni disminuir, ni aumentar. Se jura sin justicia si va en perjuicio del prójimo, que tarde o temprano sufrirá las consecuencias de un mal oculto, o que incluso puede comprometer la validez de un matrimonio y su felicidad a largo plazo. ¿Por qué callar una circunstancia que podría retardar o impedir un matrimonio, si lo va a estar desbaratando después, entre desilusiones, pleitos y otros pecados?. La gracia de Cristo sublima el amor, lo santifica, diviniza su alianza, la hace participación directa de la caridad con que el Hijo unigénito de Dios ama a la Iglesia, a quien desposó consigo por medio de su Sangre. La celebración es el signo sagrado de este acontecimiento de salvación, no un aparato dramático de una convención humana por la cual formalizan una unión o le quitan la apariencia de concubinato. Por eso se confía a la prudencia de la Iglesia, a quien el Señor le encomendó la administración de los sacramentos con poder. El
Sacramento del Matrimonio es una verdadera alianza de personas en Cristo,
que no puede desbaratarse sino con la muerte. No le restemos seriedad ni
juguemos con su santidad.
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