| El
grito de "¡Viva Cristo Rey!" fue una aclamación religiosa
y una intensa súplica por el triunfo definitivo de Cristo sobre
el mal y la persecución, así como la propuesta de una alternativa
política.
Por
eso fue divisa de la Adoración Nocturna y la Asociación Católica
de la Juventud mexicana.
Los
mártires morían gritando "¡Viva Cristo Rey¡"
en oposición a "¡Viva el Supremo Gobierno!". Ese grito expresaba
la certeza de que habría de llegar el triunfo sobre el tirano. Y
el símbolo aparecía en sombreros, puertas y comunicados.
Lo
que la anticlerical Revolución Mexicana no pudo dar a los alteños,
ellos lo buscaron en la Cristiada, y casi lo consiguieron, si no hubiera
sido por los Arreglos.
El
11 de diciembre del año santo de 1925, Pío XI instituyó
la fiesta litúrgica de Cristo Rey con la Encíclica "Quas
Primas". Las monarquías habían decaído o estaban deprestigiadas,
pero así culminaba un largo proceso.
El
laicismo fue como una apostasía social e instauración del
poder de Satanás en el mundo. La representan: el protestantismo,
el liberalismo y el socialismo, que dicen: "No queremos que Cristo reine
sobre nosotros".
Los
católicos, por el contrario, dicen: "Venga a nosotros tu reino".
No arrinconado en el santuario de la conciencia individual ni en el secreto
de la familia, sino manifiesto en la vida individual, doméstica,
nacional, pues esta vida es la etapa precedente a la eterna.
La
fiesta de Cristo Rey recuerda que la fe no es un asunto privado, señala
los derechos soberanos de Cristo en todos los ámbitos sociales,
y conduce a la unidad política de los católicos, con la autoridad
moral del Papa en la sociedad.
Proclama
la libertad de la Iglesia para cumplir su misión, independiente
del poder civil. El Reino de Cristo, opuesto al de Satanás, exige
desprendimiento de las riquezas, una moral más pura, aceptación
de la Cruz, ya que Cristo no vino a ser servido sino a servir.
Entonces,
los súbditos de las naciones no son siervos de los hombres, sino
de Dios; y los gobernantes son representantes del Rey divino, haciendo
uso santo de su autoridad, y debiendo ofrecer también un culto público.
La
realeza de Cristo exige que todo el Estado se ajuste a los mandamientos
divinos, para que Cristo reine en la inteligencia, en la voluntad y en
el corazón.
¿Basta
el ejercicio de las virtudes y el testimonio personal para que la sociedad
se cristianice? ¿la educación de los jóvenes contrarresta
el secularismo?.
Cristo
es rey por ser Dios y con el Padre poseer poder supremo y absoluto; porque
la redención le dio el derecho de conquista; y las consagraciones
nacionales y los mártires son un reconocimiento explícito
de soberanía.
Bélgica
se consagró al Sagrado Corazón en 1869; Francia en 1873;
Ecuador la hizo fiesta nacional, anulando en la Constitución actos
legislativos contrarios al dogma, moral o disciplina católica.
La
Encíclica "Annum Sacrum" de León XIII dispuso en 1899 la
consagración de la humanidad al Sagrado Corazón como reconocimiento
de la soberanía social de Cristo.
Algunos
grupos, sobre todo en Paray-le-Monial, desde 1882, promovían una
fiesta de Cristo Rey. Apoyó el Concilio Plenario de América
Latina (1899).
En
Bélgica el Card. Mercier y en Francia el Card. Amette reorganizaron
la adoración perpetua en reparación de los pecados públicos
y como reconocimiento de la realeza de Cristo.
No
es una legitimación sobrenatural de los poderes seculares, al triunfo
de los partidos católicos.
La
propuesta de una fiesta fue adquiriendo consenso en los Congresos Eucarísticos,
sobre todo en Lourdes (1914).
En
los años 20 ganó el apoyo de: Apostolado de la Oración,
Liga Apostólica de las Naciones, Acción Católica de
jóvenes franceses, y en 1922 del Vaticano.
Desde
la Revolución Francesa y la supresión de la Compañía
de Jesús, el Sagrado Corazón fue símbolo de la rebelión
católica y del martirio, y emblema del imperio espiritual pontificio.
Pío
XI subraya la paz como una de las características de la fiesta de
Cristo Rey. Superando los nacionalismos enfrentados en la Guerra, surja
el nacionalismo de la "nación santa, pueblo de Dios", garante de
la paz, basado en la sumisión a Cristo: .
El
grito "Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera" era nota del trinfalismo
social hacia la conquista espiritual del mundo, que debe concretarse en
la vida social pública y en la organización jurídica
y política.
Porque
el orden económico hacía peligrar la salvación; faltaba
evangelizar a los obreros de los sindicatos y a los políticos y
líderes de la vida social.
Iglesia
y Estado buscan el bien común desde ámbitos distintos pero
en cooperación. Llevar a Cristo a la familia, la escuela, los pueblos
y Estados, no significa control y supremacía política de
la Iglesia.
El
reinado social de Cristo se lleva a través del apostolado de los
laicos. Por eso fue fiesta de la Acción Católica, de las
juventudes católicas, de los sindicatos cristianos y de las asociaciones
de clase media. Bajo la Jerarquía, responde a los populismos y regímenes
totalitarios de España, México, Alemania, Austria e Italia.
El
grito cristero de "¡Viva Cristo Rey!" resuena con igual fuerza. Don
Lino jamás quiso un cristianismo mediocre ni al margen de la vida
social y política, sino comprometido y varonil.
Que
la intercesión de Nuestra Señora del Carmen nos haga vivir
un cristianismo más comprometido. |