COFRADIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

El Escapulario del Carmen, desde la primera evangelización, ha sido considerado casi como un distintivo del cristiano en nuestro ambiente.

En Valle de Guadalupe se liga a la devoción del fundador del pueblo (Padre Lino Carmen) a la Virgen del Carmen, cuyo nombre llevaba y cuya imagen trajo. En el Libro de Gobierno podemos ver que desde 1910 estuvo tramitando, año tras año, los permisos y privilegios para la fiesta de noviembre en honor a Nuestra Señora del Carmen, como si fuera la fiesta patronal. 

Durante el mes de octubre de 1918 estuvo la imagen en el oratorio del curato, donde celebraba a causa de su enfermedad, hasta su muerte (3 nov).

Los siguientes párrocos dieron prioridad a la fiesta de Guadalupe, pero siempre solicitaron de la Orden Carmelitana la autorización de imponer el Escapulario del Carmen. Con todo, la erección canónica de la Cofradía del Escapulario de Nuestra Señora del Carmen se realizó hasta el 10 de febrero de 1923, siendo párroco el Sr. Cura Teodoro García Armas.

Los cofrades del Carmelo deben promover los sábados y días 16 algunas formas de oración mariana y de penitencia; promover el escapulario, hacer la fiesta de la Virgen del Carmen y de los santos carmelitas, tener en buen estado la imagen y la capilla de nuestra Señora del Carmen. Hasta ahora no tienen reuniones, ni directorio, ni manual.

RECIBISTE EL ESCAPULARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Identidad:
Estás incorporado a la Cofradía del Santo escapulario, y eres miembro de la Orden del Carmen, familia mariana que tiene un patrimonio de espiritualidad y bendiciones.

Marianismo:
Hijo y hermano de la santísima Virgen, has de cultivar una gran devoción a ella, que no consista en un sentimentalismo estéril, ni en credulidad vana, sino en imitación de sus actitudes en el seguimiento de Cristo. Con la palabra y el testimonio, irradias esa devoción en el mundo en que vives.

Escapulario:
El Escapulario es un don de María al Carmelo, síntesis de sus ideales. Lleva la librea mariana como signo de tu consagración al Corazón inmaculado de María, como estímulo permanente de la imitación de sus virtudes, como promesa de las realidades futuras. Reconoce en ese memorial de María un espejo de humildad y castidad, de modestia y candor, de invitación a la oración.

Compromiso:
No creas que ha pasado de moda. Tu condición de hijo de María exige un serio compromiso de vivir el Evangelio con todas sus consecuencias. María ha sido la mejor discípula de Cristo y quien mejor ha encarnado su mensaje.

Tus prácticas marianas:
Da prueba de tu cariño filial, participando en los siguientes ejercicios:

a) Celebración de Laudes y Vísperas (a la segunda llamada de Misa, tanto en la mañana como en la tarde) los sábados y fiestas marianas.

b) Llevar oculto el escapulario sobre el pecho, y exhibirlo en los actos públicos carmelitanos.

c) Hacer una visita a la Virgen María en su capilla, visitando antes a Jesús sacramentado.

d) Hacer un obsequio espiritual a nuestra Madre cada día 16.

e) Rezar diariamente el Rosario, en familia, en el templo o en particular; y las 3 Ave-María antes de acostarte.

f) Ganar la indulgencia en el aniversario de la imposición del escapulario, en las fiestas de la Virgen y de los santos carmelitas, con las debidas disposiciones.

Oración:
María, madre y hermana nuestra, en este nuevo milenio volvemos los ojos a tí, modelo perfecto de todo discípulo del Señor, estrella de la evangelización siempre renovada.

Queremos, como tú, vivir abiertos al Señor, escuchando su Palabra en la Escritura y en la vida, creyendo en esa Palabra y poniéndola en práctica. Sentimos la necesidad de imitar tu cercanía a los hermanos, tu preocupación por ayudarlos en sus necesidades y de acompañarlos en su búsqueda orante de los caminos de Dios en la historia.

Háznos conscientes de su presencia y acción salvadora en todos los anhelos de salvación liberadora que el Espíritu Santo despierta en nuestro pueblo, para que proclamemos con la vida y la palabra lo que Dios hace en la historia de salvación en favor de los pobres y oprimidos, como tú lo proclamaste en el canto del Magnificat.

Transforma la experiencia de nuestra pobreza, limitación y debilidad en fuente de esperanza que se apoya en Dios y de disponibilidad para hacer lo que El nos diga en los signos de los tiempos y en los desafíos de la nueva evangelización.

Te confiamos este nuevo siglo, para que todos los vallenses seamos, como tú, peregrinos de la fe y de la esperanza, y testigos de tu Hijo en el corazón del mundo. Amén.
 
 

 

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