CURSILLOS DE CRISTIANDAD

Este movimiento pretende posibilitar la vivencia de lo fundamental cristiano, en orden a crear núcleos cristianos que vayan fermentando de Evangelio los ambientes más duros, ayudando a descubrir y realizar la vocación personal.

Militan quienes han vivido un Cursillo. Tienen su reunión de grupo, donde comparten una hoja diaria de control de su perseverancia. Y semanalmente deben reunirse en su Ultreya, para motivarse e instruirse. Buscan los candidatos para vivir el Cursillo, el cual se realiza en Atotonilco.

En el Acta de la Visita Pastoral del 21 de febrero de 1972 se alaba el numeroso y activo grupo de cursillistas en Valle de Guadalupe. El compromiso contraído con Cristo no puede fallar, pues no pueden rajarse ante las dificultades. Con los cursillistas se inició el proceso de pastoral orgánica que culminó en el Plan Diocesano de Pastoral.

Existen muchos cursillistas en Valle de Guadalupe, que han participado en Ultreyas nacionales, muchos ejercen algún apostolado, pero ya no trabajan asociados, ni se reunen, ni se identifican, ni buscan nuevos miembros.
El movimiento es ideal para promover líderes cristianos en los ranchos y barrios.
 

 

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