| Aunque
se siguen repitiendo las mismas actividades, las fiestas han cambiado.
Antes la fiesta congregaba a todos en un mismo ánimo, tenía
motivaciones religiosas, y daba conciencia de intensidad.
Hoy
se presentan muchos elementos ajenos que distraen y ganan terreno. Hay
tensiones entre los varios grupos sociales por los intereses que buscan.
De modo desapercibido, han invadido signos y actividades deshumanizantes
nuestra fiesta
No
es tan fácil coordinar, menos aún integrar en un programa,
la feria, la circulación, las celebraciones, el baile, la danza,
las peregrinaciones, las Callejoneadas, las serenatas, el castillo, la
venta. Se fomenta individualismo, rivalidad, competencia. Se pone el cuento
en lo exterior, circunstancial, medible y secundario, y se olvida o relega
lo fundamental que es la convivencia y el amor.
La
Virgen de Guadalupe no es sólo una expresión católica
devocional más, sino un acontecimiento evangelizador. Llegó
a hacer del indígena el artífice de su propia historia, apareciendo
en el lugar y momento en que estaba en juego la vida y el destino de su
pueblo. Debe recuperar su carácter movilizador, cuando el proyecto
de la uniformidad opresora pretende negar nuestra cultura.
Los
cambios en el modo de ver la vida, comportarse y expresarse como pueblo
se deben a la importación de elementos culturales extranjeros, transmitidos
sobre todo por los medios de comunicación social. Debemos evitar
2 tentaciones: refugiarnos en expresiones culturales y religiosas de un
pasado glorioso, pero que ya no tiene soporte estructural que les daba
sentido y vida. O evitar la falta de crítica ante los cambios, aceptando
cualquier transformación aunque vaya en contra del Evangelio.
Es
imposible revivir el mundo cultural y religioso del tiempo del Sr. Cura
Rafael o el P. Lino. Es imposible ignorar las enormes influencias del mundo
urbano, de la globalización, el consumo, la secularización,
la comunicación instantánea, el erotismo y la superficialidad,
que han ido minando nuestra mentalidad y cambiando nuestras expresiones.
Los
cambios no van en la línea de pluralidad de modelos, sino que pretenden
uniformarnos de acuerdo a un modelo único, materialista y norteamericano.
Es preciso abrir espacios para las diversas expectativas, y ser creativos
para inventar nuevas formas de manifestar nuestra fe cristiana y guadalupana.
Para que haya continuidad con nuestro pasado, frente a los inevitables
cambios de nuestras tradiciones y modos de vivir, hemos de colaborar en
una nueva creación. Es parte esencial del Reino de Dios a aceptación
real del otro, y la lucha contra toda uniformidad, tanto social como religiosa.
Creo
que debemos dar espacio a las diferentes actividades, y dejar que cada
uno pueda satisfacer sus intereses: un área de la feria y sus juegos
(por ejemplo, la calle Reforma Sur desde 5 de febrero hasta Paula González),
un área de deportes (las unidades deportivas), un área de
bailes (el auditorio), un área religiosa (el templo y sus alrededores,
que permita un buen desarrollo de sus peregrinaciones y celebraciones),
un área cultural (plazuela, escuelas).
E ir
ideando otras formas de participación religiosa, como marchas, vigilias
de oración, representaciones y corales, concursos, campañas
de servicio, etc. Que la parroquia pueda aparecer como una red de organismos
y actividades, y un centro irradiador de vida para todos los ambientes. |