FIESTAS DE SAN JOSE


Del 23 de abril al 1 de mayo, se celebran sus tradicionales fiestas en honor del Casto Esposo de María y patrono de los trabajadores, bajo la coordinación del Padre José Oropeza.

Solemnizan el día las personas que desde tiempos del señor cura Rafael lo han hecho, aunque nuevas personas desean participar. Al alba, al mediodía y a la salida de Misa hay cohetes.

Afuera se realiza la tradicional kermesse, adonde acuden personas de todos los barrios para partcipar en la lotería y comer algunos antojitos. Hay teatro del pueblo algunos días, organizado por diversos grupos.

El día de la fiesta es la Misa de Primeras Comuniones, encuentro primero con Jesús Eucaristía y entrada a la vida adulta en la comunidad cristiana.
Por la noche, los muchachos realizan el sólito combate de buscapiés para terminar la convivencia, una vez terminada la kermesse y el castillo.

Teniendo como modelo a San José, encomendamos a su intercesión los problemas del trabajo y el desempleo de nuestras familias.

Figura de San José
El Papa Juan Pablo II, escribe en 1989 la Exhortación Apostólica sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia "Redemptoris Custos" (El custodio del Redentor).

Dios decidió salvarnos mediante la Encarnación y José participó, junto con María, en esta obra, de una manera muy singular. Dios le encomienda la misión de ser esposo de María y padre terreno de Jesús, hijo de María.

José fue depositario del Misterio de Dios. Como Abraham, obedeció en la fe e hizo lo que Dios quería. Le tocó participar en esta fase culminante de la manifestación plena de Dios en Cristo.

Su grandeza radica en su servicio de paternidad. Jesús es Hijo del Padre por la generación eterna en el seno de la Trinidad; es Hijo de María por la Encarnación; y es Hijo de José en virtud del matrimonio de éste con María. En ese matrimonio se dio el don esponsal de sí mismo, el amor oblativo, el signo de la Alianza, en plena libertad de ellos. Cristo inició la redención del matrimonio y la familia tomando esta pareja virginal. Esa familia fue una Iglesia doméstica, donde el Hijo de Dios crecía, adquiría los valores básicos, las orientaciones de comportamiento y la inserción en el mundo. Toda la vida y capacidades de San José estuvieron al servicio de esta misión de ser padre. Fue custodio de la vida privada y escondida de Jesús.

Aunque los Evangelios no citan ni una sola palabra de José, él tuvo un papel esencial en algunos pasajes de la vida de Jesús: el censo, el nacimiento en Belén, la circuncisión, la imposición del nombre, la presentación al templo, la huída a Egipto, la travesura de quedarse en el templo a los 12 años; el mantenimiento y la educación de Jesús en Nazaret. La Ley pedía que el padre de familia enseñara a su hijo la Ley y su oficio, además de vestirle y alimentarle.

La Biblia lo elogia llamándole "varón justo" y "esposo de María". En el plan de Dios entraba esta vocación, y El se encargó de armonizarla con el deseo que conservaba María en su intimidad de entregarse a Dios de modo exclusivo. Su amor de hombre fue regenerado por el Espíritu Santo, para ser no sólo sexual sino ante todo el amor de Dios derramado en nuestros corazones. Hay otra proximidad esponsal, más intensa espiritualmente, que procede del Espíritu Santo. El matrimonio y la virginidad consagrada son dos formas de expresar y vivir el único misterio de la Alianza de Dios con su pueblo. "Mediante el sacrificio total de sí mismo, José expresa su generoso amor hacia la madre de Dios, haciéndole don esponsal de sí". No se acercó a ella sexualmente, pero estuvo más cerca de ella que ningún otro: compañero de vida, testigo de su virginidad, tutor de su honestidad, unido en una comunión de amor espiritual, y partícipe de la grandeza de ella. Su paternidad no deriva de la generación, pero tampoco es sólo aparente o sustitutiva, sino una auténtica paternidad humana. Jesús asumió todo lo humano, también la familia, en la cual José es el jefe. Por obediencia de fe, aceptó las responsabilidades de padre respecto a Jesús, y descubría cada vez más el don inefable de su paternidad.

Expresión diaria de ese amor en la vida de nazaret es el trabajo. Jesús participa en el trabajo de José. El trabajo ha formado parte del misterio de la Encarnación y redimido de modo particular.

El silencio de José nos revela el primado de la vida interior, en clima de profunda contemplación. Este ejercicio de devoción no se comprende en este tiempo de superficialidad. Pero sólo podía realizar su misión en una vida de intensa oración.

El Papa Pío IX en 1870 declaró a San José patrono de la Iglesia universal. Cristo es la Cabeza de su Cuerpo místico, inseparable de él. Así que la fidelidad de San José para cuidar a Jesús es la misma para cuidar a la Iglesia. Si Dios confió a su custodia su tesoro más preciado ¿cómo no le va a confiar la Iglesia? Además de servir como modelo de seguimiento de Jesús, y de servicio a que en el mundo se realice el plan de Dios.

Que en sus fiestas "él nos indique el camino de esta Alianza salvífica, ya a las puertas del tercer milenio, durante el cual debe perdurar y desarrollarse ulteriormente la plenitud de los tiempo que es propia del misterio inefable de la Encarnación del Verbo".
 
 

Página principal Parroquia