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Desde la antigüedad ha sido una práctica religiosa de agradecimiento o penitencia acudir a un lugar sagrado caminando en grupo y en oración. Recuerda que toda nuestra vida es una peregrinación; que la historia de Israel fue una peregrinación hacia la Tierra prometida; que no tenemos aquí ciudad permanente sino que vamos hacia la patria del cielo. No es lo mismo peregrinación que procesión. La procesión es un acto litúrgico y forma parte inseparable de una celebración. La peregrinación, por el contrario, se realiza en la calle, sin estar necesariamente relacionada con una celebración. No puede considerarse peregrinación una caminata si no se realiza en oración y recorre al menos un cuarto de milla, según la respuesta de la Congregación de Ritos en 1950. Las
peregrinaciones no tenían un lugar fijo de entrada en tiempos del
señor cura Don Lino. Recibía a la orilla del pueblo por la
Calle Real a La Llave, Arroyo Prieto, etc.; por el lado de El Guajolote
a Tepozanes, Calabazas, San Isidro, El Ramblás; en el puentecito
a los de Salto de Agua, La Estancia, etc.; y por los Tepetates a Las Joyas,
San Rafael. Fue en 1942 cuando el señor cura Rafael Pérez
unificó el inicio, para vender la cera en un lugar fijo y cercano
a su fábrica.
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