RETABLO DEL ALTAR MAYOR

El altar mayor del templo parroquial de Valle de Guadalupe tiene un retablo neoclásico. El templo del señor cura don Lino tenía altar de madera. En 1924 lo renovó el señor cura Teodoro García Armas. El señor cura Rafael Pérez lo edificó en cantera hacia 1950, y edificó también los altares laterales. Tapó la ventana que daba hacia el oriente para colocar el mural y la imagen, la cual ventana tenía un vitral de colores, y cuyo vano tapado puede verse por fuera en la parte posterior del templo.

Retablo viene del latín: "retro tabulum": detrás de mesa o tabla. Es la obra de arquitectura que compone la decoración de un altar. Se desarrolló en el barroco, cuando el altar estaba pegado a la pared y se presidía la celebración de espaldas al pueblo.

El retablo del templo parroquial de Valle de Guadalupe es una unidad neoclásica. A cada lado tiene dos pares de columnas de orden compuesto, con doble basamento tableado de orden toscano, uno achatado y el superior alargado bellamente labrados con elementos fitomorfos y zoomorfos. Estriadas en su primera mitad, tienen una abrazadera de moldura como festón de flores, indicando el inicio de la parte lisa del fuste. Rematan en capiteles corintios dobles, que sostienen una cornisa con su labrado entablamiento inferior. Este se hace circular al centro, ahuecándose hacia el interior del muro, formando un elegante semicírculo, sobre el cual se apoya una bóveda de media esfera en forma de concha, a manera de frontón, con el perfil ondulado y ornamentado con elementos vegetales y una moldura en el vértice.

El espacio arquitectónico elíptico que se forma entre el espacio central de los pares de columnas y el tímpano limitado por la concha, tiene como ejes: la imagen guadalupana en la parte superior, y el centro del manifestador en su parte inferior. "¿Quién es esa que surge como el amanecer, bella como la luna, esplendorosa como el sol, imponente como ejército en orden de batalla? Bajé a mi nogueral a examinar los brotes de la vega, a ver si ya las vides florecían, a ver si ya se abrían los botones de los granados" (Cantar 6,10-11)

A los lados, en el espacio entre las columnas, al centro del espacio vertical limitado por moldura rectangular de aristas redondeadas, sobre una repisa finamente labrada en cantera, están las imágenes de San Joaquín al norte y Santa Ana al sur, según es tradición en los templos dedicados a María.

Más adelante describimos con detalle sus elementos ornamentales.

Concha del remate:
La recta del arquitrave con fajado del retablo, y su friso correspondiente, graciosamente se rompe en el centro, formando una curva cóncava hacia el interior del muro, adornada igual que la arquitrave, como base de una concha gigantezca que sirve de remate tipo penacho, con una gracia y elegancia singular.

La concha dice relación al origen de la vida y al retorno a la vida. Es símbolo de María, la cual nos dio a Cristo que es la vida. La vida surgió de las aguas. Por eso el Bautismo, sacramento del nuevo nacimiento, se practica, de ordinario, con una concha natural.

Venus se representa por una bella mujer despertando sobre una concha en el océano. Cristo es la vida y la luz, y María es la madre del que es la Vida y la luz del mundo. Por tanto, la concha es símbolo de María.

Se creía que la perla marina se formaba cuando un rayo de luz penetraba virginalmente la oscuridad petrificada del interior de una concha en el fondo del mar, entonces se abría la concha para dejarla salir. Por eso la concha es la nueva creación de la Luz en el seno de María y del mundo pecador.

La forma ahuecada de la concha la emparenta con la sepultura, es decir, nuestro nacimiento definitivo a la Vida. Por eso se reproduce en los sepulcros de los primeros cristianos, confesando nuestra fe en la resurrección.

Rematar un retablo en concha nos habla de nuestra vida cristiana surgida de la Pascua del Señor: nace del bautismo y termina en la tumba de Cristo, y tiene como emblema a María, la madre de la Vida.

Columnas:
A cada lado hay un par de columnas corintias compuestas, con sus pilastras correspondientes. Tienen una elegante base doble labrada, y sus elegantes capiteles tienen tres cuerpos de hojas de acanto en doble nivel (mirto, sauce y palmera, estilizadas). Medio fuste está estriado en su parte inferior, dándole mayor sensación de palmera de dátiles.

Las cuatro columnas con sus pilastras recuerdan el tetramorfo: los cuatro pilares cósmicos sobre los cuales se apoya la Revelación; los cuatro seres vivientes que circundan a Cristo glorioso (Ezequiel 1,5-14; Apocalipsis 4,6-8). Es la representación ideal de toda la creación viviente. Todo lo que respira alabe al Señor. Los judíos lo relacionaban con las cuatro letras del nombre divino. Agrupaban los signos del zodíaco en cuatro grupos, relacionados con las 12 tribus de Israel. Para los cristianos, son los cuatro evangelistas, dando testimonio de Cristo y ofreciendo un marco al centro litúrgico.

Recuerdan el árbol plantado junto al agua (Salmo 1,3; Jeremías 17,8; Ezequiel 47,12). La base son las raíces; el fuste de la columna es el tallo; y el capitel son las ramas, generalmente de una palmera estilizada. Evoca el árbol de la Vida (Génesis 2,9; Apocalipsis 2,7). Recuerdan la vara de Aarón, que floreció en el santuario del Señor y produjo almendras (Numeros 17,23).
Cada invierno el árbol muere, pero cada primavera resucita; el templo es el jardín de la eterna primavera del espíritu. "Cuando echan ramas tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca" (Mateo 24,32).

El acanto estaba presente en los capiteles de los templos griegos y romanos, como florecimiento del árbol, o como estancamiento y falta de fruto. Recuerdan los espinos que produce la tierra por la maldición del pecado, pero que han logrado subir hasta las alturas; o la victoria del árbol sobre las espinas que intentaron sofocarla; las coronas de laurel con que se premia a los campeones; o la floración de dátiles de las palmeras del desierto. Fuera de los capiteles, es símbolo del alma y la inmortalidad.

Le han dado el significado de la unión del cielo con la tierra, sofocada por la conciencia de pecado; la participación del agua inferior subida hasta la altura pero sofocada por la cornisa. Cortados del olivo silvestre, fuimos injertados en Cristo, olivo cultivado, y tanto las viejas como las nuevas ramas formamos un solo y único árbol para la gloria de Dios (Romanos 11,23-24). Jesús viene a ese árbol, y no lo maldice, porque siempre encuentra frutos.

Las bases de las columnas están ricamente decoradas con figuras de cantera blanca, representando detalles del árbol de la vida, compuestos por delfines y águilas disimulados como hojas de acanto en exhuberancia de vida. Nos recuerda a Dios que lleva a su pueblo como el águila a sus polluelos (Deuteronomio 32,11) y el signo de Jonás (Mateo 12,40).

En el basamento superior, unos delfines van descendiendo, convergiendo a un punto del cual nace la planta de hojas de acanto, en una composición de la cual forman parte los mismos delfines. Parece una maceta donde crece una planta florecida, símbolo de María, que ha dado a luz al Salvador, y en El nos ha dado a luz a todos nosotros, la Iglesia.

Los delfines son muy usados en el simbolismo cristiano, como símbolo de la resurrección en el arte paleocristiano, y de la creación y el culto en el arte gótico. Ultima fase de la vida vegetal subterránea, nos recuerda nuestro perfeccionamiento moral hasta alcanzar el ideal cristiano.

Toda la creación está puesta al servicio del culto divino en la Iglesia. El delfín es símbolo de la diligencia en el cumplimiento de las obras de caridad. Junto con el ancla simboliza el alma o la Iglesia. María es modelo de virgen orante.

Además de maceta, la composición total también asemeja un ancla, símbolo de la esperanza, ya que tras la tempestad vendrá la calma, y por ella nos mantenemos en calma enmedio de las tormentas de la vida. María es modelo de esperanza cristiana.
La base inferior parecería un dinámico florecimiento, pero son dos águilas queriendo comer del retoño donde surge ese brote de vegetación que forma todo el decorado y del cual ellas forman parte. Se forma una señal de la Cruz encerrada en el rectángulo que tiende a convertirse en círculo. O que van a beber de una fuente de agua que brota con fuerza centrífuga y centrípeta y llena el rectángulo. La fuente es inseparable del símbolo del paraíso (Génesis 2,10; Apocalipsis 22,1.17).

En el arte románico el águila representa el principio espiritual y celeste que pelea contra el mundo inferior. En el arte paleocristiano aparece como símbolo de la resurrección, pues se elevará de la tierra hasta el cielo. Es símbolo de Juan Evangelista, por su elevación hasta contemplar a Dios cara a cara. Simboliza al justo, que por su fe alcanza a ver a Dios, o la oración, que es elevarse hasta El. Es símbolo también de la Ascención del Señor, o de la Asunción de María.

El nombre de "Guadalupe" no es náhuatl, ya que este idioma carece de las consonantes "d" y "g"; es árabe: "Wadí al Lub" = Río de grava negra. El P. Mario Rojas propone como nombre que María se dio: "Tlecuauhtlapcupeuh", cuyo significado es: La que procede de la región de la luz como el águila de Fuego (Tletl = fuego; Cuauhtli = águila; Tlacupa = del oriente, región de la luz y de la música; participio euh = el que se levanta, vuela, procede).

La Cruz es símbolo de nuestra redención y del triunfo de la fe, de la expansión misionera hasta los cuatro puntos cardinales. Se le relaciona con el árbol de la vida, centro del mundo y fuente de la vida, convergencia de lo humano y lo divino. Canta una antífona de Adviento: "Los cielos destilen su rocío, y las nubes lluevan al Justo; la tierra se abra y germine al Salvador; la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan" (Isaías 45,8; Salmo 84/85,10).

Una forma catequética de afirmar el nacimiento de Jesús de María es la conjunción de la cruz y el ancla, configurando la luna creciente, símbolo de María, que recibe y refleja la luz de Cristo-sol. Los capiteles están ricamente adornados de follaje, es decir, los árboles florecen con hojas de felicidad eterna, rebosantes de verdor y frutos de santidad. Así florece nuestra comunidad al contacto y cercanía con el Santo de los Santos.

Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe:
La imagen central es Nuestra Señora de Guadalupe, patrona del pueblo y titular del templo. Elevada, en actitud orante, personifica a la iglesia en su ministerio de intercesión. "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas; estaba encinta y clamaba con los dolores del parto en la angustia del alumbramiento" (Apocalipsis 12,1-2). "Pondré enemistad entre tí y la mujer, entre tu linaje y su linaje; su descendencia quebrantará la cabeza y tú en vano intentarás morderle el talón" (Génesis 3,14-15).

El 19 de noviembre de 1756, el Sr. Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejeda Díez de Velazco decretó que el 12 de diciembre fuera día festivo en todo el obispado de Guadalajara, y que en todos los lugares hubiera una capilla o un altar dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe.

El 12 de agosto de 1822, el Congreso Constituyente decretó que el 12 de diciembre se celebrara como fiesta de tabla y de corte; y el 25 de abril de 1823 la nombró patrona de la nación, colocando una imagen en los muros del salón de sesiones. Y en 1828 el Congreso declaró el 12 de diciembre de cada año como fiesta nacional de México. Igual decreta Benito Juárez el 11 de agosto de 1858.

El 24 de septiembre de 1886, los arzobispos de México, Guadalajara y Michoacán, pidieron al papa León XIII la coronación pontificia, y un nuevo Oficio. Con el Breve del 11 febrero 1887 el papa pedía al arzobispo de México coronar en su nombre tu imagen.

Pero en 1883 Joaquín García Icazbalceta negó fundamento al hecho guadalupano; y el canónigo Vicente de P. Andrade envió a Roma una copia en latín, con lo cual se detuvo la coronación. Seríahasta el 6 de marzo de 1895 cuando la Santa Sede concediera el nuevo Oficio.

Entretanto, el abad Antonio Plancarte y Labastida animó la ampliación del santuario, aprovechando el fervor guadalupano de México. La Coronación Pontificia pudo hacerse el 12 de octubre de 1895, con la participación de 21 obispos mexicanos, 14 norteamericanos, uno de Quebec, Cuba, España, Panamá, unos 100 sacerdotes y no menos de 50 mil fieles que llenaban el atrio y la plaza. En representación del Papa León XIII, colocó la corona el arzobispo de México Próspero María Alarcón y de la Barquera.

En este ambiente de gran fervor guadalupano nace Valle de Guadalupe. En efecto, el 30 de abril de 1885, el Congreso del Estado de Jalisco, bajo el gobernador Francisco Tolentino, decretó: la supresión de la Comisaría municipal de San Nicolás, comprendida en el municipio de Jalostotitlán; la erección de la Comisaría Municipal de la Hacienda "La Venta de Pegueros" de la misma municipalidad con la denominación de "Valle de Guadalupe".

No era la Iglesia quien le daba este nombre, sino el Congreso del Estado. En el Libro de gobierno parroquial de Jalostotitlán aparecería esa denominación hasta el 21 de mayo de 1887. Y, por las presiones del Padre Lino recientemente regresado, y el cobro de cincuenta centavos de multa a quienes se resistían al cambio de nombre, lograría imponerse la denominación de Valle de Guadalupe a esta población.

El primer cuadro de la Guadalupana lo regaló el señor Pedro González Rábago. Tiene al reverso la siguiente inscripción: "El 29 de octubre de 1880, fue mi voluntad regalar por patrona de la iglesia de La Venta esta imagen de Guadalupe, por haber sido toda mi vida mi patrona, y deseando que al curso de los años lo sea de mis familiares. Firma". El cuadro se conserva en la casa de Alberto Barba Gómez y Esther Barba.

El P. Lupercio adquirió otra imagen más grande. En 1938 fue rifada por el Sr. Cura García Armas, tocando la suerte a la Sra. Cesárea Barba de Casillas, en cuyo hogar se conserva. "Se alegrarán el desierto y la soledad, el yermo se gozará y florecerá como la rosa; florecerá profusamente, y también se alegrará y cantará con júbilo" (Isaías 35,1-2).

La imagen que está en el Salón de Adoradores la adquirió el Sr. Cura García Armas por 50 pesos. La estructura del actual retablo se hizo para esas dimensiones. "El Señor ha mirado la bajeza de su sierva, y desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones" (Lucas 1,48).

La actual imagen fue pintada por Don David Cardona, hacia 1950. Ya estaba, pues, cuando en 1952 se hizo la Consagración del templo. "El Señor mismo les dará una señal: he aquí que una virgen concebirá a dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel: Dios con nosotros" (Isaías 7,14).

María de Guadalupe, aparecida en el Tepeyac, es la "Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive", el "Ipalmenohua", dios de la cercanía y de la dualidad, del cerca y del junto, de la vida, o sea, el Sol, origen del pueblo azteca. Es "el gran signo de rostro maternal y misericordioso de la cercanía del Padre y de Cristo, con quien ella nos invita a entrar en comunión" (DP 281). "El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que habitaban en una tierra de sombras una luz apareció" (Isaías 4,16).

Viene corriendo, presurosa, sus ropas en movimiento, su pierna derecha flexionada. Como cuando se encaminó presurosa a las montañas de Judea a llevar a Cristo a su prima Isabel (Lucas 1,39). 

No tiene rostro abstracto y terrible como los dioses, sino apacible y maternal, anunciando una nueva era, un rostro que no es ni indígena ni español, sino mestizo; es decir, de la raza apenas en formación surgida de la violencia y el abuso. "Soy morena, pero hermosa, porque el sol me miró; las hijas de mi madre se airaron contra mí" (Cantar 1,6). 

Tiene las dos manos juntas, en oración: una es blanca y otra es morena; una está más grande y la otra más pequeña: María viene a hermanar a conquistadores y oprimidos. "¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano, o a cuartillas el polvo de la tierra?" (Isaías 40,12).

Tiene la cabeza inclinada, sometida a Dios, e inclinada hacia nosotros. "Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que mana leche y miel" (Deuteronomio 25,15). La cruz en la gargantilla recuerda la armonía cósmica azteca y la Cruz salvadora de Jesucristo. La imagen es un jeroglífico simbólico. "He visto la opresión de mi pueblo, y he descendido para liberarlo" (Exodo 3,7-8).

La Guadalupana tiene vestido rojo pálido, color de la sangre derramada en la tierra conquistada con el sacrificio de los dioses, así como del amanecer y atardecer, movimiento del mismo sol. Sobre el vestido rojo trae un velo transparente, adornado con arabezcos que corresponden a signos de la piedra del sol, las montañas y las flores que adornaban los sacrificios. "Las flores han aparecido en nuestra tierra; el tiempo de la canción ha llegado; y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola" (Cantar 2,12).

El manto verde azulado, como el mar reflejando el cielo, es el color del "ometeotl" o cruce de los tiempos. Significa que no es la destrucción final. "Ya no te llamarán 'abandonada', ni a tu tierra 'devastada'; a tí te llamarán 'mi favorita' y a tu tierra 'desposada'; porque el Señor se complace en tí y tu tierra tendrá marido" (Isaías 62,4).

Ya cesó el conflicto entre el día y la noche, el sol y las estrellas, pues la luna está bajo los pies de María, como cometa apagado que ya no indica peligros; las estrellas adornan su manto, en la posición zodiacal que tenían en ese año; y el sol está en su vientre despidiendo rayos, alternando directos y ondulados. Ya no hay necesidad de sacrificios para reanimar al sol. "El sol y la luna se pararon en un lugar; a la luz de tus saetas anduvieron; sales a salvar a tu pueblo, a salvar a tu ungido" (Habacuc 3,11.13).

Trae una cinta y un moño negro, distintivo de una muchacha embarazada. La parte del vientre está muy amplia, y precisamente de ahí surgen los rayos más intensos del sol. En dirección a la matriz tiene la flor de cuatro pétalos, centro de la piedra del sol, que representa el origen de la vida y la explicación de todo. María es la Madre de Dios y del pueblo nuevo surgido por su Sangre. "Nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá la salvación" (Malaquías 4,2).

Y ¿dónde queda Juan Diego, el vidente y embajador de la Virgen María? Los códices indígenas pintan delante de los personajes importantes, en cuclillas, a sus siervos de confianza o sus embajadores. También la Señora del Tepeyac tiene como paje a Juan Diego, quien toma con una mano la orla de su manto y con la otra la de su vestido, y está agazapado delante de ella, con las alas de un ágil mensajero. Nos mira invitándonos a descubrir el mensaje de su Señora. "Dios eligió lo necio del mundo para confundir a los sabios; lo que en el mundo es débil, para confundir a los fuertes; lo que en el mundo es vil y despreciable, para confundir a lo que cuenta; para que nadie pueda gloriarse ante Dios" (1 Corintios 1,27-29).

Los altares de los cruceros
En el crucero norte está el retablo del Sagrado Corazón, y en el sur el de la Inmaculada Concepción. Eran altares para la celebración de la Misa; sólo se les retiró el Sagrario. Tienen igual estructura arquitectónica y ornamental, tan solo cambian algunos elementos ornamentales que dicen relación a Jesús o a María, según el caso.

Tienen de fondo el muro liso, sentado sobre un alto basamento de cantera blanca. Al centro, flanqueando el nicho, un par de columnas corintias de fuste liso, delante de sus respectivas pilastras, sostienen una cornisa sin frontón, y con remates en forma de borla flamígera o jarrones sobre el entablamiento, labrado con elementos fitomorfos o vegetales. A cada extremo sobresale una pilastra lisa con capitel jónico con adorno labrado que parecen los expremos de un festón colgando de los lóbulos, sosteniendo un entablamiento. Sobre el arco del nicho hay un símbolo mariano que combina varias figuras: concha, fuente, pergamino, flor de loto; y le hace juego un nimbo de laurel estilizado.

El mural del paramento tiene un gracioso marco en moldura de cantera, y representa una alegoría del corazón de María en el crucero sur, donde está la Inmaculada, o de Jesús en el lado norte, donde está el Sagrado Corazón, rodeado de angelitos: Jesús y María, en un ámbito celestial.

A los lados, en el espacio entre las columnas y las pilastras, hay una repisa, y en la parte superior, simulando un nicho aparente, una moldura de nimbo de laurel estilizado, semejante a la del centro. Es ahí donde se colocan las imágenes laterales.

En el crucero norte, de Sagrado Corazón, a los lados, están Santa Teresita y el Cristo resucitado, apenas ajustados al tamaño del nicho aparente, señalado por un festón de cantera sobre la pared. En el crucero sur, el de la Inmaculada, están las bellas imágenes de San José y San Rafael, de dimensiones mayores que el espacio existente entre la repisa y el festón que señala el límite del nicho aparente.

En el Inventario que hace el P. Pedro N. Rodríguez al entregar la Parroquia al P. Lino Carmen Martínez en junio de 1910, aparecen ya las "esculturas grandes de buena talla" de la Purísima y el Sagrado Corazón, el Cristo del Santo Entierro, San Joaquín y Santa Ana, Jesús Nazareno, la Dolorosa, imagen de San José, escultura chica de la Purísima, "buen cuadro" de la Santísima Virgen de Guadalupe, buen óleo de Nuestra Señora del Refugio, San Expedito "en mal estado", y ángeles "en mal estado" también.

En el Inventario del 9 de enero de 1919, al recibir el templo el P. José Isabel García De Alba, se añade un Crucifijo, la imagen de Nuestra Señora del Carmen, una escultura pequeña de Jesús, y 4 crucifijos para altar.

Al recibir el templo del Consejo Municipal tras de la Cristera, el 7 de agosto de 1929, el Sr. Cura Teodoro García Armas señala: "un templo en muy mal estado", el cuadro de la Guadalupana "en muy mal estado"; cuadro de Nuestra señora del Perpetuo Socorro, del Refugio y San Antonio; escultura del Sagrado Corazón, la Purísima, Santa Ana, San Joaquín, la Dolorosa, Jesús Nazareno, Jesús crucificado y San José.

El 25 de enero de 1941, el vicario general Librado Padilla hace a lápiz un inventario y descripción del templo, excepto del bautisterio, pues no halló llave. En el altar mayor está el Sagrario y un Crucifijo metálico; la imagen de la Guadalupana al centro, y a los lados San Joaquín y Santa Ana. En el altar lateral norte, sagrario con crucifijo, y el Sagrado Corazón y el Santo Entierro. En el altar lateral sur: la Purísima, Santa Teresita y San José. En el Bautisterio: Nuestra Señora del Carmen con una corona de plata. En la sacristía: El Crucificado y la Dolorosa, un cuadro del Perpetuo Socorro y otro de San Antonio.
 

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