EL PRESBITERIO

El presbiterio es un espacio consagrado especialmente para el desarrollo de la acción sagrada, y por eso ahí están los principales polos de la celebración: el altar, el ambón y la sede presidencial.

El nombre le viene del griego "presbyterion": consejo de ancianos, porque es la parte reservada al clero, en la cual los sacerdotes presiden.

Es más elevado que la nave, por su importancia, distinción y visibilidad, aunque está en relación directa con la asamblea. Representa la montaña santa a la cual debemos subir para encontrar al Invisible. Evoca el Tabor, el Cal vario y el Cenáculo (piso alto donde el Señor celebró la Cena, memorial de su Pascua).

Dice San Máximo el Confesor: "El santuario ilumina y orienta la nave, y ésta es su máxima expresión visible. Tal relación restaura el orden, restablece lo que era en el Paraíso y lo que será en el Reino" (PG 91,872). Es la "casa de Dios y la puerta del cielo" (Génesis 28,17).

El altar:
Viene de "alta ara": elevado lugar de sacrificio. Es el vértice de la montaña santa y el punto de convergencia del centro del universo que representa el templo. Es la simbolización de la Mesa de la última Cena, que fue sacramento del Calvario. Es el lugar del memorial del Sacrificio del Cristo total, cabeza y miembros, esposo y esposa.

El altar no es un accesorio, un mueble o un elemento decorativo, sino el centro arquitectónico del templo, constituido por la Mesa del Sacrificio Eucarístico y su espacio. Es el punto de referencia de todo el templo, pues en él se realiza el Sacrificio Eucarístico y el Banquete Sagrado. La centralidad del altar con relación al templo refleja la centralidad de Cristo en la asamblea litúrgica y en el mundo. Está en el fondo de la iglesia, como punto focal y terminativo del mismo.

El altar mayor debe ser de piedra y pegado al suelo, consagrado, con la mesa de una sola pieza. De piedra, porque Cristo es la piedra (1 Corintios 10,4). Es cuadrangular, porque es Mesa disponible a los cuatro vientos del mundo. Es único, porque Cristo es uno solo, una sola Eucaristía y un solo Calvario. Está elevado, pues al Calvario se elevan todas las miradas, y el cenáculo estaba en el piso alto. Pero a la vez es pequeño, pues no acoge multitud de víctimas cruentas, sino un solo Sacrificio.

El altar es símbolo de Jesús, quien es simultaneamente el Sacerdote, la Víctima, y el altar en quien se cumple la consagración, así como también el altar vivo del templo celestial (Hebreos 4,14; 13,10). Al instituir la Eucaristía en forma de banquete, el altar es mesa del Sacrificio y del convite pascual. También el corazón de los justos es llamado altar de Dios por los santos Padres. Es la carne espiritualizada de la Pascua futura.

El altar es el centro de la acción de gracias. El centro litúrgico se construye con la materia del Reino de Dios y el espacio sagrado se organiza en torno a una partícula del más allá.

"Nosotros tenemos un altar" (Hebreos 13,10): es la Mesa del Señor (1 Corintios 10,21), y es Cristo víctima que santifica lamesa (Mateo 23,18-20). Es también la personificación de la oración de todos los santos (Apocalipsis 8,3-5; 16,7). El altar, intermediario y signo en el Antiguo Testamento de una presencia esporádica y episódica de Dios en el pueblo, es sustituido por Cristo.

En efecto, "la roca era Cristo" (1 Corintios 10,4). Cristo realiza verdaderamente la presencia de Dios en el éxodo (Exodo 17,1-7; Números 20,2-13). Si Dios es la roca de Israel (Salmo 43,8.12), Filón comenta que la roca es la Sabiduría divina, el Logos (Logon allegorium II,21; Quod deterius potiori insidiarum soleat 31). Cristo es la piedra angular (Salmo 117).

"El altar es la imagen del Cuerpo de Cristo" (Ambrosio, De sacramentis 5,7). "Corran todos a una, como a un único templo de Dios, como a un unico altar, a un único Jesucristo que salió de un solo Padre, existe para El solo y regreso hacia el Uno solo" (Ignacio de Antioquía, Carta a Magnesios 7).

"En la víctima del Antiguo Testamento vemos la hostia de la salvación que el Verbo de Dios ha ofrecido en sí mismo y que ha inmolado en su propio cuerpo... sobre el altar de su Pasión ha derramado su Sangre Aquel de cuyo costado brotaron sangre y agua" (Ambrosio, Epistola 65 a Simpliciano, 8.10).

"No son las ofrendas las que santifican a Cristo, sino Cristo quien santifica las ofrendas" (Agustín, Cuestiones sobre el Evangelio: PL 35,1329). "El altar espiritual, que es el Cuerpo de Cristo, tiene también un fuego inextinguible para el mantenimiento del espíritu" (Hesiquio, Comentario al Levítico: PG 93,828)
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En nuestro templo parroquial hay un altar bellamente decorado con relieves de cantera, parte integral del retablo, pegado a la estructura del manifestador, con sus tres gradas, que sirve de mesa al Sagrario. Ese fue consagrado por el Sr. Garibi el 24 de mayo de 1952.

Cuatro estípites o columnas rectangulares sostienen la mesa del altar. Están bellamente adornados por los cuatro lados con filigranas labradas en la cantera rosa, con detalles en el cuerpo y los capiteles: guirnaldas tejidas con hojas y frutos engarzados. 

Al centro de la pared del fondo, sobre la base del conjunto, está un relieve en la misma cantera de una Cruz y una azucena, y una gran floración que recuerda el jardín del edén y el de la resurrección. Es a la vez tumba y nacimiento, tierra y cielo, sufrimiento y gloria. "Ha bajado mi Amado a su jardín, a los macizos de las balsameras, el pastor de jardines a cortar azucenas. Yo soy para mi Amado, y El es para mí; él pastorea entre azucenas" (Cantar 6,2-3).

El altar real donde se celebra la Eucaristía está separado de la pared, a medio presbiterio, permitiendo girar en torno y presidir de cara al pueblo. Es muy simple, labrado también en cantera rosa, con dos pares de hojas dobles de helecho como base a cada lado. Tiene una altura de 95 centímetros. Sus piezas sólo están sobrepuestas, no pegadas. No está consagrado, puesto que es provisional. Esperamos pronto detallar el proyecto de un altar digno ya fijo.

Por lo irregular de la planta, el altar queda exactamente en el centro del presbiterio, pero no en dirección al centro de la nave. "Este altar de tierra se llama Emmanuel, pues el Verbo se ha hecho carne, y la naturaleza de la carne es tierra tomada de la tierra" (Cirilo de Alejandría, Comentario al Exodo IX: PG 68,592). "Cristo se ofrece a sí mismo para abolir el sacrificio de la Antigua Ley, al ofrecer en sacrificio para el mundo entero una Hostia perfecta, viva, siendo El la víctima, el sacerdote, el altar, Dios, hombre, rey, oveja y cordero, hecho para todos nosotros todo en todos" (Epifanio, Panarios II,1,2; Herejías 55).

El altar no es un púlpito, ni un objeto funcional, ni un taburete para colocar cosas. Es símbolo de Cristo, piedra angular (1Corintios 10,4; Efesios 2,20; Juan 1,51; Hechos 4,11; Summa Theologica III, q.83, a3, ad 5), ara verdadera del único Sacrificio. Tampoco es afiche de mensajes ni exhibidor de carteles. Dignifica los cuerpos de los mártires, cuando sus reliquias se sepultan bajo el altar: "Vi al pie del altar las almas de los que habían sido degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que habían dado" (Apocalipsis 6,9). Actualmente ya no tiene reliquia alguna.

El ambón:
La dignidad de la Palabra de Dios exige que para la proclamación de las Lecturas bíblicas haya un ambón estable dispuesto de tal manera que los fieles puedan ver y escuchar. La tradición litúrgica lo ha puesto en relación al Cirio Pascual y a la fuente bautismal.

Es como la tribuna para la lectura de la Ley en la reconstrucción de Jerusalén. Es el monumento a la Palabra de Dios, que convoca a su pueblo en asamblea para renovar la Alianza. Es el lugar mimético del anuncio fundante de la fe, por tanto, la simbolización del sepulcro vacío en la mañana de Pascua. 

"Ambón" deriva del griego "anabaino" = subir, ascender. Se originó de la tribuna que Esdras hizo cuando proclamó la Ley (Esdras 8).  Recuerda el cenáculo, lugar alto donde fue la Cena y Pentecostés. O "la santa montaña":Sión, el Sinaí, el Tabor. Es elevado, porque el anuncio salvador desciende de lo alto.

En el año 2000 estrenamos como ambón una tribuna en cantera blanca, labrada en Yahualica, teniendo en su base el mismo decorado que el basamento y almohadillado de las columnas del retablo. Está colocado al lado norte del presbiterio.

El ambón no es un mueble, sino el lugar de la Proclamación de la Palabra, signo visible del anuncio de salvación, lugar de la presencia del Señor en su Palabra. Ahí queda el Leccionario en la página del día, o el Evangeliario en el Evangelio del domingo.

Es único, pues una sola es la Palabra, uno el Verbo encarnado, uno el sepulcro de la Resurrección.

La Sede presidencial:
No es un asiento utilitario, sino el lugar permanente desde donde se preside la asamblea. Por lo tanto, es signo de Cristo, sumo y eterno sacerdote, que preside la asamblea; y es signo también de la Jerarquía que actúa permanente en la comunidad, presidiéndola en nombre de Cristo.

La Sede es única, de cara a la comunidad, con fácil comunicación, fija, visible para los fieles. No igualada con otros asientos, ya que la asamblea es única, con un único presidente que actúa en nombre de Cristo, asumiendo en sí el sacerdocio de todos.

La sede presidencial del templo parroquial de Valle de Guadalupe, por lo pronto, es una silla móvil, de madera, adornada con artísticas incrustaciones de madera, trabajada por artesanos de Jalostotitlán, en tiempos del señor cura Mariano Ramirez Nogales.

El Sagrario:
El Sagrario, armario precioso para guardar el Santísimo Sacramento, es el corazón vivo de nuestras iglesias. Ahí se guardan las Especies consagradas para la comunión de enfermos, de ausentes y para la adoración. Debe ser sólido, seguro, inamovible y firme, de modo que no haya peligro de profanación. Es la verdadera arca de la nueva Alianza. Es la tumba gloriosa donde se irradia el poder de la resurrección. Nadie se acerca ahí, sino los ministros consagrados; y todos nos postramos ante él con reverencia y santo temor.

El Sagrario que originalmente tenía el templo, semejaba un pequeño templo barroco labrado en madera y dorado, que ahora está, ya restaurado, en la capilla de Nuestra Señora de San Juan de casa de Demetrio Barba en el Rancho San José.

Nuestro Sagrario actual es una caja de madera, con forro de lámina metálica dorada, y recamado con seda e hilo dorado por dentro. Dos columnascorintias de alabastro con base y capitel metálicos sostienen una cornisa y friso griego sin adornos. Su puerta arcada tiene un hermoso bajorrelieve metálico que representa un cáliz barroco con una Hostia, pero que queda cubierto por el conopeo.

Está colocado al centro del retablo, en lugar elevado, tras su altar, donde está el vaso con agua limpia para limpiarse los dedos y un purificador, y dos velas, así como la llave del Sagrario, de material noble, en estuche seguro y digno.

Las gradas del altar son tres, como las virtudes teologales por las cuales podemos ascender hasta Dios Trino y Uno. Están también adornadas con molduras de guías estilizadas de vid, como el árbol de la vida, con flores, en la misma cantera rosa. Ese tipo de ornamentación jamás es copia de lo natural: son hojas y flores estilizadas, en una figura convencional de muchos significados, que conserva las leyes generales, pero no los accidentes.

Dicen relación a la Eucaristía y a la Iglesia, pues nosotros somos los sarmientos de la vid (Juan 15,5-6). La Iglesia ha aplicado a María alusiones a la vida: "Yo soy como una vid de fragantes pámpanos... los que me comen tendrán más hambre de mí" (Sirácide 24,23-31).

Para indicar la presencia del Señor, en la columna norte que abre el presbiterio arde perpetuamente una lámpara, no de aceite o de cera (la llama natural significa tanto ofrenda como luz: nos estamos consumiendo como ofrendas vivas ante Dios), sino eléctrica (también es una energía que se va consumiendo ante el Señor), donada en 1999 por Arturo Barba.

Para preservarlo de polvo e indicar la presencia del Señor, se cubre con el conopeo (en forma de cortina), blanco o del color litúrgico del día, la mayoría donados por las personas que los bordaron, la mayoría con mucho arte. El conopeo o velo es la señal principal de la presencia de Cristo. Es la revelación, por velación, de la presencia del Emmanuel.

El templo es como el palacio de Dios y de su corte que somos nosotros. El Sagrario es como su recámara y su sala de audiencias y recepciones. Los vasos sagrados, como la vajilla para la Mesa del Banquete de los santos. Todo encierra, refleja y comunica la santidad del Dios tres veces santo, que habita entre su pueblo.

La credencia.
Está al lado norte del presbiterio, junto a la puerta de ingreso a la antesacristía. No sólo es una mesa útil para colocar las cosas necesarias de la Misa, sino tiene la función de la mesa de ofrendas. Su tamaño es medio, de altura normal, conespacio suficiente para los vasos sagrados, el Misal y los objetos necesarios para la celebración, cubierta con un mantel. Está, mirando desde la nave, a la izquierda del altar, junto a la puerta del vestíbulo, para que los acólitos sirvan al sacerdote desde la derecha. Sirve como base para una campana de 50 kilos, que pende de ella, con la cual se dan las campanadas de la Consagración.

Del mismo lado, en la pared del fondo, bajo la repisa de San Joaquín, está una placa cuadrada de mármol blanco que nos señala la tumba del señor cura Don Lino. Dice: "En espera de la Resurrección, bajo el piso de este lugar, descansan los restos del Sr. Cura Don Lino C. Martínez, fundador de este pueblo. Vivió entre nosotros 1872-1918. Agradecemos su recuerdo y su obra".

Los viejos recuerdan que junto a la puerta de la sacristía estaba su tumba, hacia el fondo, pero se cubrió al poner el piso de granito al presbiterio. El Equipo de Liturgia, no queriendo que se perdiera el rastro, colocó dicha placa, sin poder precisar el lugar.

En los Libros parroquiales no se encuentra la acostumbrada acta de la muerte de Don Lino, que debería rezar más o menos así: "Yo, el presbítero Rafael Angulo, celebré con solemnidad las exequias del sacerdote párroco Lino Carmen Martínez, a quien auxilié espiritualmente, y murió habiendo recibido los últimos sacramentos, el 3 de noviembre del presente año del Señor 1918, y lo sepulté según los sagrados cánones en el presbiterio del templo parroquial construido por él mismo, junto al altar mayor".

Manifestador:
Al centro de la caja del retablo, hay un elegante manifestador de cantera rosa. Cuatro pares de columnas corintias de fuste liso, sostienen una cúpula circular con su cornisa finamente labrada en filigrana de flores y follaje estilizados, aunque muy deteriorada.

El prototipo de cúpulas redondas está en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, que Constantino construyó en planta circular, y así se ha tomado en toda la tradición arquitectónica cristiana, tanto en oriente como en occidente. Recuerda, pues, la Resurrección de Cristo.

El círculo es símbolo de Dios, perfección total, eternidad, pues carece de principio y fin. Se opone a lo rectangular o cuadrado, que representa lo temporal y humano. Representa, pues, el infinito, el universo celestial (esfera alta del universo), la totalidad. Tiene su propio centro y se completa en sí mismo, con su corazón en lo alto.

Es la corona de guirnalda triunfal. La cúpula circular es símbolo de la unidad; pero no la unidad que sostiene, sino la unidad que pesa,que se soporta, que tiende hacia abajo. Es como una corona  de follaje florido, sin remate, colocada sobre la Custodia. Recuerda la corona de vida, luz y alegría que reciben los que son fieles en la alabanza y sacrificio. Evoca la Jerusalén celestial que desciende del cielo, a cuya imagen se va edificando la Iglesia, es decir, la Jerusalén terrestre, nuestra madre.

Las columnas corintias, sin relieves ni estrías, representan a los que protegen al Santísimo Sacramento de los ataques e injurias. La eternidad los corona con su poder de protección. Cuando caen las murallas de Jericó al sonido de las trompetas, la ciudad asediada no queda sin defensas, porque tiene la protección del cielo. Es esa cúpula apoyada sobre las columnas la que le da su valor de espacio sagrado.

El crucifijo:
El Crucifijo, después del altar, el ambón y el Sagrario, es el principal objeto del presbiterio. Nos recuerda que en el altar se ofrece el mismo Sacrificio del Calvario. Es, pues, un objeto litúrgico, no un adorno. Dice la Escritura: "Mirarán al que traspasaron" (Juan 19,37). Y Jesús dijo: "Cuando Yo sea levantado hacia lo alto, atraeré a todos hacia mí" (Juan 12,32).

Por eso no debe ser una Cruz sin crucifijo, ni otras imágenes como el Resucitado o el Sumo Sacerdote. No es para la devoción personal, sino anuncia que la Misa es el mismo Sacrificio del Calvario. En la Cruz se unen el cielo y la tierra, lo horizontal y lo vertical, la alabanza que brota de los hombres y la santificación que desciende desde Dios. Y es el centro desde el cual quedan benditos los cuatro ángulos del mundo. Mediante la Cruz Cristo reconcilió a judíos y gentiles y los reunió en un solo Cuerpo dando muerte en El al odio (Efesios 2,15-16).

Por su colocación y visibilidad debe apreciarse su relación al altar. Debe ser grande y bien visible. De preferencia fijo, para no estarse moviendo al exponer el Santísimo Sacramento en el manifestador o al poner el adorno al santo patrón. No está sobre el altar; sí en el ámbito del presbiterio. Manifiesta la relación entre el Sacrificio de Cristo y la Eucaristía. En la tradición cristiana, la Cruz martirial (es decir, con el Crucificado) se planta sobre una base, pues es símbolo del árbol de la Vida; mientras que la Cruz gemada o preciosa se cuelga, pues es símbolo de la gloria que pende del cielo.

La Cruz comunica los abismos subterráneos, y une la tierra y el cielo. Representa el Arbol cósmico, la escala santa, el monte Calvario. Abre las puertas de los infiernos y abre las puertas del cielo, a la vez que abraza a todos los hombres.Expresa la anchura, longitud y profundidad infinita del amor de Dios (Efesios 3,18-19; Romanos 8,39). Es la nueva Escala de Jacob, apoyada sobre el centro de la tierra y que llega hasta el cielo abierto, por la cual suben y bajan los ángeles. Es el puente elevado entre el cielo y la tierra, el arco iris de la nueva Alianza.

El Crucifijo que tenemos en el templo parroquial era el Crucifijo personal del señor cura Don Lino, que el señor Cura Teodoro García Armas logró recuperar para el templo, con la generosidad de un Don Rutilio que lo tenía. Estaba colocado arriba del Sagrario, un poco atrás de él; o a veces dentro del manifestador, en una cruz achavada bajita y sin una peaña digna.
Mide un metro veinte centímetros de altura. Es una escultura barroca de Cristo ya muerto, con vivos rasgos dolorosos: dientes y lengua, heridas vivas, costillas de fuera en las espaldas desencarnadas, huesos en las rodillas, costado abierto. Está hecho de material liviano, como copal o pasta de caña de maíz.

Es un Cristo muy digno y de anatomía bien lograda; lástima que los sendales cubren gran parte del tronco y la antepierna. Ya sin vida, caído el cuerpo sobre los brazos, flexionadas las piernas que se juntan en las rodillas y se cruzan en los pies. Tiene las rodillas reventadas, abiertas en flor, hasta entreverse los huesos. Impresionan unas abiertas sangrantes y amoratadas en los tendones de la pierna izquierda y del antebrazo derecho.

La cabeza cae dignamente sobre el pecho vuelta hacia el lado derecho, escondiendo parte de la cara, toda ella tumefacta. Por lo amoratado, sólo fijándonos bien podemos apreciar la nariz afilada, los ojos cerrados, los párpados inflamados, la boca apenas entreabierta y casi oculta por la espesa barba, con las señales de la resequedad producida por la inmensa sed, dejando ver los dientes y la lengua bien logrados en su interior.

La lividez se extiende por todo el cuerpo, entre pálido y amoratado. La sangre resbala en gruesos hilos por cara, brazos, piernas, y mana abundantemente del costado, sangre coagulada, reseca. La rigidez se advierte en los músculos de brazos, abdomen y piernas, y seguramente en los dedos de ambas extremidades. Aunque con las características de un cadáver maltrecho, parece dignamente parado sobre un pie, como el nuevo Adán dormido. Sus piernas están ligeramente más cortas en proporción al cuerpo total.

Requiere restauración, pues le faltan dedos y se ha deteriorado la pintura. Los sendales de seda recamada alcanzan a cubrir gran parte de su anatomía, y parecen faldas. En mayo del 2002 le cambiamos la peaña: de una simple base rectangular de madera sobre una tabla, ahora la cruz es más alta y descansa sobre un banquillo alto. El crucifijo nos nuestra el rostro de Dios dirigido al mundo, figura de su indescriptible amor. Está en el trono real al centro del altar.

En los inventarios, el crucifijo del altar mayor es metálico; hasta 1941 se enlistan un crucifijo grande y otro más pequeño en escultura.

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