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El
templo parroquial de Guadalupe es un símbolo del pueblo, sin duda
original y digno de respetarse en sus líneas generales.
El
Atrio
El atrio es un espacio que sirve de transición entre la calle y el lugar sagrado. La palabra "atrio" viene del latín "atrium" = portal, antesala, zaguán de casa; es el espacio exterior que ciñe o antecede a una iglesia. Debe ser un sitio que inspire paz, tranquilidad, que haga sentir que dejamos el medio urbano y el espacio no religioso, para entrar en un espacio sagrado. Sirve también de aislante acústico para atenuar los ruidos inconvenientes y lograr en parte el imperativo silencio dentro de una iglesia. De lo profano y demoníaco vamos pasando al lugar poseído por Dios. Y es un espacio polivalente: facilita el encuentro y la comunicación entre los miembros de la Iglesia, invitando a no dispersarse terminada la celebración; ayuda a preparar espiritualmente a la comunidad para su participación activa en la celebración; incluso permite, además, la realización de algunas acciones pastorales en él. En el templo de Salomón el atrio simbolizaba a los patriarcas y profetas; y contenía al pueblo que se congregaba a la oración. El atrio de los templos cristianos deriva del pórtico de las casas romanas: un patio interior rodeado de un corredor techado con columnas, donde estaba la fuente para lavarse. En la edad media el atrio de las basílicas servía de espacio para impartir justicia. En México se creó el original atrio de arquitectura virreinal, para catequesis, procesiones, y celebraciones extralitúrgicas, sobre todo en favor de los indígenas, como reminiscencia de las prácticas prehispánicas al aire libre. Posteriormente se usó también de cementerio. Nuestro templo parroquial tiene dos atrios: uno al frente y otro al lado sur. Su enverjado de hierro forjado, al centro de cada entreeje, luce cuatro figuras del logotipo mariano, formadas por el cruce de los mismos barandales, que le dan vitalidad. Está sostenido por pináculos cuadrangulares, chapeados con original cantera rosa anaranjada aunque frágil, y con esquineros de cantera; rematados por almenas lánceas y una geoda o bola de cantera. El atrio poniente o del frente tiene dos pórticos de entrada, cuyo vano es un arco de medio punto, con un bello entablamiento sin frontón ni penacho, y sus enjutas adornadas con elegantes relieves fitomorfos en la misma cantera rosa. Un pórtico mira hacia el sur, y el otro está frente a la puerta principal. No tienen puertas de hierro, sino sus vanos quedan como espacio abierto y usados como tránsito de una calle a otra. Tampoco cuentan con cruz atrial ni con capillas pozas. El
arco sur tenía un lado inclinándose; en octubre del 2001
peligraba con desplomarse. Mientras del INAH acudían a ofrecer las
indicaciones para su restauración; se protegió a la gente
apuntalándolo y protegiéndolo con andamios por ambos lados.
El atrio que queda enfrente del templo tiene un piso de adoquín rosa que no cuadra con el estilo del templo. En 1987 el señor cura Mariano puso el adoquín y tapó con barda atrial y cancel la entrada al atrio por el portal, pues servía de pasadizo. El atrio lateral está encerrado, limitado por un sencillo cancel sin arte junto a la fachada del templo. Dentro está la entrada al coro por el caracol de la torre. Tiene piso de mosaico de pequeños cuadritos rojos y blancos, ya muy acabado. Al centro, una tarima de cemento, parece que para colocar los ataúdes mientras esperaban la hora de Misa cuando venían del rancho. Completan el espacio, una palmera, un pequeño huerto con plantas, había unas asalias junto a los pináculos. El Centro INAH Jalisco pide hacerlo rincón de museo. Al lado del atrio sur podemos contemplar la fachada lateral del templo, con sus contrafuertes, sus ventanas, y una hermosa puerta lateral antigua, tapada con piedra, labrada en cantera blanca. No tiene almenas. La puerta lateral fue cegada el 27 de junio de 1937, para la preparación de los murales, en tiempos del señor cura Teodoro García Armas. En el muro de la fachada del templo, hay tres cuadros pequeños de talavera con algunas leyendas históricas apenas perceptibles, colocadas en el año centenario de la construcción del templo, que dicen: - Templo parroquial. Construido por el Sr. Cura Don Lino Carmen Martínez el año 1890, bendecido el día 11 de enero de 1898 y consagrado por el primer cardenal mexicano y arzobispo de Guadalajara Excmo. Sr. Dr. José Garibi Rivera el día 24 de mayo de 1952. Ayuntamiento 1983-1985. 1985 Año del Primer Centenario.Con motivo del cincuentenario de la Dedicación del templo, queremos colocar dos placas metálicas conmemorativas, con los principales datos del templo y sus personajes, aunque haya pasado ya la ocasión El Portigo y la Portada Mientras que la portada es parte integral de la fachada de un templo, el pórtico es un cuerpo sobrepuesto. Nuestro templo tiene un discreto pórtico que enmarca la puerta principal. La fachada de nuestro templo parroquial es muy original y no tiene unidad arquitectónica, ni entre sí ni con todo el conjunto. El templo tiene forma cúbica, como cajón, de calicanto, con piedra negra rústica. Contrasta con su torre en forma de pagoda o fortín, de cantera blanca rústica, en su lado sur. Y también contrasta con su cúpula renacentista roja, gallonada, con molduras y adornos pintados. Y, además, con todo ese conjunto contrastan los elementos de la fachada cuadrada: la puerta mayor en arco fajón, enmarcada por un pórtico rectangular de dos columnas y sus pilastras sosteniendo una cornisa sin frontón; encima del pórtico una ventana cuadrada con un moderno vitral guadalupano donde predomina el color rojo; más arriba un bajorrelieve cuadrado más pequeño de la Virgen de Guadalupe, en cantera; al lado sur, una ventana cuadrada en el cuerpo superior del cubo de la torre, donde antes estaban las campanas del reloj, tapada ahora por un bajorrelieve del Escudo de Armas de Valle de Guadalupe, también en cantera; y abajo, en la parte inferior de la misma, también cuadrada, la ventana de la capilla del Carmen, con un vitral clásico del escapulario. Por el lado norte de la fachada, anexa al muro de piedra, hay una barda enjarrada con cal, que corresponde a la capilla de las criptas, y otra a la casa vecina. En la fotografía de la portada del libro de Beatriz Barba de Piña Chan, aparece la pared de ladrillo sin enjarrar y una puerta arcada. Por el lado sur del frente está la entrada al atrio sur: una simple puerta rectangular de cancel, sin arco ni ornamentación. El pórtico original de Don Lino fue destruido en 1945, y sustituido por un amplio pórtico de ladrillo, financiado por el Dr. Basilio Padilla Tejeda, que sostendría una torre sobrepuesta en la parte media del frente del templo, el cual sobresaldría por encima del techo. Ese pórtico fue evitado por el señor cura Rafael Pérez, por órdenes de la Mitra, en 1950. En 1955 se destruyó la planta del estorboso pórtico de ladrillo sin enjarrar, dejando al descubierto la entrada principal. En 1984 el señor cura Mariano Ramírez construyó el actual pórtico. El pórtico es de un solo cuerpo; sólo enmarca la puerta principal, no los demás elementos; no tiene nicho, ni hornacina, ni remate. Dos pares de columnas dóricas de fuste liso, apoyadas en basamento estilo toscano sin relieves, con sus correspondientes pilastras por detrás, enmarcan el arco de la puerta principal, sosteniendo un entablamiento liso, sin frontón, moldurado en su parte superior como cornisa. Se notan aún en la fachada reminiscencias del antiguo pórtico. El salmo 23 nos presenta un diálogo entre un grupo que va a entrar al templo y otro que está dentro: "¡Abranse, puertas antiguas, que va a entrar el rey de la gloria!"; y responden desde dentro: "¿Quién es ese rey de la gloria?"; a lo que contestan: "El Señor Dios de los ejércitos, El es el rey de la gloria". Esa entrada de Cristo para tomar posesión de su templo y la entronización del pueblo de Dios en el culto sagrado se realiza cada vez que ingresamos al templo, y se simboliza en su pórtico. La
Cupula
La cúpula del templo de Guadalupe está apoyada en los vértices de los cruceros, y hace juego con los arcos formeros del crucero y los torales de la nave central. Se levanta sobre una base octagonal, y tiene diámetro ovoide, es decir, planta elíptica, pues no es circular. Está dividida en gajos o gallones, con nervaduras por dentro y por fuera, rematada por una linternilla. El tambor en su entablamiento y cornisamiento es muy agradable. En cada cara del cimborrio hay una composición igual, que da elegancia a cada lado del octágono. En su entablamiento, unos capiteles en forma de repisa forman apoyos gemelos a los pedestales de las juguetonas columnas, las cuales culminan con otro entablamiento de cornisa muy saliente, con remates en zigzag que parecen doble capitel. Sobre el segundo entablamiento se despunta la cúpula con sus ocho gajos, separados por nervaduras, que se elevan hacia la linternilla. Don David Cardona, pintor guadalupano y periodista cristero, decoró el ónfalon con ángeles, guirnaldas y otros elementos decorativos. Dicen que simulaba la corona que fue colocada el 12 de octubre de 1895 sobre la Guadalupana de México. Pero en 1984, se debieron combatir las humedades causadas por haber cerrado la linternilla y evitado así el escape de aire caliente y viciado, y entonces se pintó el interior tal como está ahora, desapareciendo la decoración. Así que por dentro, el cimborrio es elegante. Tiene 8 pares de columnas mixtas, de orden toscano y salomónico, un par en cada vértice, acuerpando las ventanas rectangulares que están al centro de cada intercolumnio. Esas ágiles columnas aparentemente retorcidas descansan sobre repisas, tienen estrías en la parte inferior, una abrazadera en moldura a la mitad, luego dan la sensación de curvatura en su parte lisa, y florecen en un capitel corintio de hojas de acanto y unas volutas jónicas, que simulan sostener un pequeño frontón. Sobre las ventanas de cada uno de los puntos cardinales hay un relieve de un símbolo mariano en cantera, como remate de una hornacina. En la parte externa de la cúpula, hay dos pares de columnas corintias en cada arista, haciendo marco a las rectangulares ventanas, sosteniendo una cornisa donde parece descansar la imposta de las nervaduras, también dobles, que dividen en gajos la cúpula, y que rematan en coronamientos de cantera como granadas flamígeras o motas móviles. Sobre cada una de las ventanas rectangulares hay un falso frontón curvilíneo pequeño, que le da variedad al fondo. Predomina el color café rojizo del azulejo que cubre el tambor y la cúpula; mientras que los elementos ornamentales están en colores claros. Antes de 1984, los azulejos de la cúpula tenían algunas figuras en los claros de cada gajo: palmas, coronas y ramos. La linternilla tiene planta octagonal, con columnillas sobre pedestales, esbeltas, que apenas dejan percibir sus vanos: ocho ventanillas verticales, una en cada cara, con aletas y hornacinas, simulando un inmenso y original florón. Culmina en un grueso remate cilíndrico donde se inserta la cruz de hierro forjado. Cuatro volutas flamígeras hacen guardia a la Cruz, con la cual remata toda la cúpula. Representa a Cristo, el centinela que vigila sobre su pueblo; y también a los pastores, atalayas para prevenirle de los peligros. Es el ojo elevado de la Iglesia para alcanzar a ver el horizonte de la salvación. "Alza los ojos y mira en torno tuyo, hija de Sión: todos tus hijos vienen a tí" (Isaías 60,4). El 30 de abril de 1895, en una carta del P. Lino a su hermano Miguel, conservada por Jorge Romo, le dice que ya se cerró la torre, ya se celebra Misa desde un año antes aunque sólo el altar esté bendecido, y "la cúpula quedó a mi gusto, sostenida por 24 columnas". En la visita pastoral del 16 de julio de 1909, Mons. Jesús Ortiz pide que se renueve pronto la cúpula, pues está mal construida; y en noviembre dio la autorización. En la descripción de junio de 1910 se habla de "una cúpula de 12 arcos, con vidrieras de colores, y un meridiano bueno". Los trabajos de demolición y reconstrucción iniciaron hasta tiempos del señor cura Teodoro García Armas; con permiso de Mons. Francisco Orozco y Jiménez, cuyo documento de licencia fue extendida por el Sr. Garibi el 23 de diciembre de 1925. El famoso constructor tepatitlense Martín Pozos Arias asesoró el proyecto. Algunos dicen que para las cúpulas que diseñó se inspiró en la cúpula de San Pedro de Roma, obra cumbre de la arquitectura dirigida por Miguel Angel Buonarotti, que a su vez había tenido como modelo la cúpula de la catedral de Florencia diseñada por Filippo Bruneleschi. Expresa la culminación centralista y el dominio total: no son formas que vuelan, sino formas que pesan. Su movimiento hacia abajo expresa el drama de la unidad como sufrimiento. Vista desde la Ceja, o del llano junto al Callejón en la Colonia San Juan Bosco, se parece a la cúpula de Florencia en sus colores y forma general, más gótica por su esbeltez y nervaduras; mientras que de cerca, de frente y desde abajo, se ve más achatada. El 17 de julio de 1926, ya para cerrar la linternilla, la construcción se vino abajo estruendosamente, como a las tres de la tarde. Desde la cúspide cayó el maestro Pozos, cuya lesión de columna lo dejaría encorvado de por vida. Cayeron también: su hijo Cliserio, único que falleció; Joaquín Barba, quien quedó atorado en la cornisa interior, y Salvador "el coyotito" que cayó hasta el piso. Se había celebrado el matrimonio de Juan Pérez y María Padilla y festejaban en casa de Juan Tejeda por calle Barba González. Otros dicen que fue la boda de Jesús Pérez y Julia González, el 12 de mayo, lo cual es más probable. Los trabajos reiniciaron el siguiente mes; siete meses después estaba terminada, ya cerrados los cultos en las iglesias por disposición del Episcopado. En 1979 el señor cura Mariano Ramírez arregló el exterior, poniendo en dirección a los cuatro costados imágenes marianas en mosaico: de San Juan, del Carmen, de Guadalupe, y símbolo conmemorativo, a iniciativa del Dr. José Barba Rubio. En 2001 se pintaron los nervios, columnas y demás partes ornamentales, y se completó el azulejo, obra realizada por Juan Tejeda "El Chan". El
Campanario
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