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Adviento ¿Qué es?
Cada año, el tiempo de adviento prepara la Navidad, con actitudes de esperanza. Son cuatro semanas en que avivamos nuestro deseo del retorno del Señor para un mundo renovado.
La palabra misma nos los dice: “Adventus” (en latín) viene del verbo “advenire” que significa “venir a” (no en el sentido morboso de coito o eyaculación, sino de espera de un personaje o de un encuentro humano importante).

No es solamente un tiempo de espera para un encuentro con Cristo que viene a Salvarnos, sino que ya nos encontramos con Él en la celebración. Tiene un triple significado temporal: recuerda que Cristo ya vino en la humildad de nuestra carne para salvarnos; espera a Cristo que vendrá glorioso a consumar todas las cosas; y celebra a Cristo que hace presente toda su obra salvadora en la acción litúrgica.

Así, el Adviento es anticipación de un futuro en el cual Dios dará cumplimiento a todo lo que ha iniciado, y esa promesa de futuro se hace actual hoy, se cumple y madura, para que nuestra esperanza sea viva. Todo el misterio de la esperanza cristiana se resume en el adviento.

El adviento inicia en el domingo más cercano al 30 de noviembre, fiesta de San Andrés, a fin de que haya 4 domingos antes de Navidad. Su color litúrgico es el morado (no tan burdo como el de la cuaresma), que indica austeridad, preparación, conversión, espera progresiva de una fiesta plena. Deseamos vivamente que venga el Señor a salvarnos, ante nuestra experiencia de pecado, debilidad y necesidad.

Los primeros días, hasta el 16 de diciembre inclusive subrayan la espera del Señor que vendrá al final de los tiempos. Y del 17 al 24 de diciembre, la liturgia de adviento centra su atención en torno al nacimiento del Señor.
La nostalgia de un mundo fraterno, en paz, renovad, de gozo infantil, de buenas promesas, que soñamos en la Navidad, nos vamos comprometiendo para que llegue a ser realidad. Así va madurando y preparándose positivamente la transformación final de los tiempos.
Hay algunas prácticas que motivan estas actitudes, al recordarnos que estamos en este tiempo, como la corona de Adviento y el árbol de Jesé.

La historia del adviento en Roma comienza en el siglo VI; por o mismo 200 años después de la institución de la Navidad. La idea de prepararse para tal fiesta, había nacido 150 años antes en Francia y en España, pero se trataba de una preparación ascética. Duraba tres semanas y estaba orientada al binomio Navidad-Epifanía, en especial a esta última, porque en ella se celebraban los bautizos. Se habla precisamente de una “cuaresma de Navidad”, que va del 11 de noviembre, fiesta de San Martín, al 24 de diciembre, y en la que hacían tres días ayuno a la semana. La preparación de Navidad se organiza al modo de la preparación de Pascua y tiende a ocupar seis semanas que preceden a la solemnidad natalicia. Esta dimensión del Adviento ha sido propia de la liturgia ambrosiana, y todavía hoy en la diócesis de Milán el Adviento comienza seis domingos de Navidad

San Gregorio Magno, Papa, es quien establece la preparación a la Navidad en cuatro semanas y quien organiza definitivamente los oficios litúrgicos. Se trata de prepararse espiritualmente en comunidad a la celebración del nacimiento del Señor, pero muy pronto este tiempo de espera y la tensión suscitada no se detuvo en el pesebre de Belén, sino que apuntó hacia la venida última y gloriosa del Señor.

La Corona de Adviento
Desde tiempos remotos, el agua ha simbolizado la vida para muchas culturas. Pero entre los antiguos pueblos germánicos del norte de Europa, donde el agua se congela durante el invierno, el pino por ser un árbol que sobrevive a la nieve y al frío, se convirtió en ese símbolo de la vida. Por esto en aquellos pueblos se acostumbraba entrelazar sus ramas en forma de círculos par ofrendarlo al dios solar durante el tiempo de invierno, rogando que regresara con su luz y calor para que renaciera la vida.

Después de la evangelización de aquellos pueblos, se le dio a esta ofrenda un significado cristiano, al que en algún momento del pasado se le agregaron las velas rojas, color que simboliza la súplica del oferente.

Hoy “la colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, se ha convertido en un símbolo del Adviento muy extendido en los hogares cristianos”. Sus “cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo, hasta la solemnidad de la Navidad, en memoria de las diversas etapas de la salvación que transcurrieron antes de Cristo, y como símbolo de la luz de los profetas que iba iluminando la noche de la espera, hasta que llegara el amanecer del sol de justicia”.

Los elementos de la corona tienen los siguientes significados:
La forma circular nos recuerda que Dios no tiene principio ni fin, refleja su amor eterno y su unidad con los hombres.

Las ramas o follaje verdes significan la vida espiritual la gracia, el crecimiento en el amor y la esperanza de una vida eterna. De preferencia debe ser de follaje natural.
El listón rojo enrollado representa el amor de Dios que nos envuelve y nuestro amor hacia Dios.

La luz de las velas simboliza la luz de Cristo, nuestra fe. Las velas de la Corona pueden ser rojas, color que simboliza la ofrenda que el hombre hace de su vida a Dios. También pueden ser moradas en representación de los cuatro domingos de Adviento, color que evoca el espíritu de conversión, vigilia y caridad que debemos tener para la venida de Cristo. Y si se desea, una de las cuatro velas puede ser de color rosa, que representa la cercanía de la venida del Señor, y recuerda el gozo de la Virgen María que alaba a Dios porque la escogió como madre del Salvador.

Al ir encendiendo sus velas, indicamos que nos estamos acercando a la Luz de Dios Padre que es Cristo; y que así como el pueblo de Israel se preparó para su primera venida, que celebramos el día de Navidad, nosotros debemos prepararnos para la segunda y definitiva venida del Señor, con nuestras buenas obras.

La corona ennoblece a la persona por su emplazamiento sobre la cabeza como una guirnalda. Es símbolo de la dignidad y majestad. Su forma redonda recuerda el significado del círculo: perfección y participación. Su contenido, vegetal o mineral, simboliza la consagración. En suma, es expresión de elevación, poder y dignidad. Por consiguiente, es atributo de vírgenes y de reyes.

La corona de Adviento expresa la expectación del tiempo previo a la Navidad. Se construye  con ramas de pino o muérdago trenzadas, en las que se incrustan cuatro velas rojas. El color verde de sus ramas es signo de esperanza, sus luces recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo, y su forma redonda significa la eternidad. La corona de Adviento expresa que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte.

La costumbre de colgar del techo de casas y templos la corona de Adviento es típica de los países escandinavos y germanos. Recientemente ha llegado esta costumbre hasta nosotros. Las cuatro velas se encienden, una cada una, en los sucesivos domingos de Adviento.

La novena de preparación para la Navidad en México
En México los primeros misioneros, Agustinos, Franciscanos, Dominicos y finalmente los Carmelitas, afanados en la evangelización de los indígenas, dieron origen a finales del siglo XVI a una serie de representaciones sagradas como las posadas, las pastorelas, y las piñatas, para tratar de explicar lo que significaba el advenimiento de la manifestación de Dios en la carne, que se prepara durante esos nueve días.

En el pasado gozaron de gran aceptación por parte de los pueblos de cultura náhuatl, que tenían la creencia de ser pueblos errantes que tenían por patria definitiva el “mictlan” (el lugar de los muertos), y que en su peregrinar por este mundo conmemoraban por estas fechas de diciembre, con gran gozo, el nacimiento de la divinidad solar y de la guerra llamada Huitxilopochtli.

Hoy, estas celebraciones que se han hecho tan populares que ya son parte de la cultura mexicana, se conservan como fiestas de comunidad, donde florece la convivencia, el fortalecimiento de los lazos amistosos, la participación de todos los grupos sociales y donde los niños tienen un especial protagonismo.

Las posadas
Las posadas se atribuyen a Fray Diego de Soria, que después de solicitar autorización al Papa Sixto V, celebró en el convento Agustino de Acolman las primeras “jornadas” o misas de “aguinaldo”, como se llamaron al principio, en las que se intercalaban representaciones de algunos pasajes alusivos a los acontecimientos previos al nacimiento del Salvador.

En éstas se entonaban villancicos, luego se compartían regalos, se encendían luces, se prendían cohetes y se rompían piñatas. Los religiosos agustinos extendieron estas celebraciones populares, que adquirieron características diferentes según los lugares donde las introducían.

Las primeras “jornadas” o posadas, se hacían con una procesión en el atrio de las iglesias; donde también tendría lugar en algunos días un “auto-sacramental” sobre los pastores que van a adorar al Niño Jesús, llamado pastorela. Esta última tiene como finalidad representar el amor de Dios por los pobres y sencillos, a quienes rescata misericordiosamente del poder de Satanás. Poco a poco, esta celebración salió de las iglesias a las casas. Así la liturgia y el canto religioso derivaron el folklore popular.

El significado de las posadas
Las posadas representan el peregrinar en busca de alojamiento que tuvieron que hacer María y José para el nacimiento del niño Jesús, desde Nazaret hasta el pesebre de Belén.
Simbolizan a Dios que viene al encuentro del hombre oculto en el seno de María, que viene acompañada de José. Jesús toca así a la puerta del corazón humano, como está escrito: Mira que estoy de pie junto a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abra la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y el conmigo. Pero el corazón del hombre adormilado por el pecado, fatiga en reconocer la voz de su Señor, que le habla por medio de su mensajero José. Finalmente el hombre cede, abre la puerta y se alegra de poder ofrecer albergue a María y José que presentarán a Cristo a la humanidad.

La última posada tiene lugar el 24 de diciembre por la tarde.

Las Piñatas
Su significado
Dependiendo del lugar de que se trate, la teoría sobre el origen de las piñatas varía.
Su origen, muy incierto, se remonta hasta los chinos quienes las usaban en una ceremonia que iniciaba en la primavera. Las confeccionaban en forma de vaca, buey y búfalo cubiertas con papeles de colores que representaban las condiciones en que se desarrollaba el año, en relación con la agricultura. Las rellenaban de cinco clases de semillas y las golpeaban con varas de diferentes colores. Finalmente quemaban el papel y la gente trataba de tomar las cenizas porque se consideraban de buena suerte para todos durante el año.

En el siglo XII, Marco Polo descubrió las piñatas en China y las llevó a Europa, donde con otras creencias religiosas se adaptaron para la cuaresma; así, al primer domingo de cuaresma se le llamaba domingo de piñata. Los evangelizadores españoles trajeron las piñatas a la Nueva España, dándole un sentido catequético para atraer a los indígenas a las ceremonias religiosas y convertirlos al cristianismo. Posteriormente el pueblo se apropió de ellas para las celebraciones populares y es así como se han conservado.

Para nosotros los cristianos
Representan al mal que atrae al hombre con placeres superfluos, atrayentes y deslumbrantes, por eso se les reviste festiva y llamativamente.

La forma más común de una piñata es la de una estrella brillante de siete picos, cubiertos con papel de colores y adornos dorados y plateados; cada pico simbolizaba uno de los pecados capitales a los que hay que vencer: soberbia, lujuria, gula, ira, avaricia, pereza y envidia.

El bastón con el que se golpea la piñata, significa la fuerza que Dios nos da para luchar, el amor con el cual venceremos el pecado.

Por qué vendar los ojos
Significa que debe abandonarse ciegamente en la santa fe para vencer el mal y romper la piñata. Los dulces y frutas representan los frutos del bien y la gracia que Dios nos da al vencer el pecado. Las indicaciones de la gente, para acertar el golpe, significan las voces de aquellos que nos ayudan, indicándonos el camino a seguir para destruir el mal en nuestra vida. Son los misioneros que prolongan la vocación de nuestra Iglesia.
Dale, dale, dale, no pierdas el tino…

La Navidad
Comienzos
En Roma los paganos festejaban el 25 de diciembre al “sol renaciente e invencible”, por ser el solsticio de invierno, es decir, el momento en que la fuerza solar crece de nuevo. Desde otro punto de vista geográfico, en las regiones de Egipto y en Arabia, se celebraba al sol de forma semejante hacia el 6 de Enero.

Cuando la Iglesia gozó de la tolerancia religiosa, decretada por el emperador romano en el año 313, aprovechó la importancia de aquellas fechas y las adaptó para darles un sentido cristiano. Así también afianzaba la confesión de Cristo como verdadero Dios y verdadero Hombre, proclamada por el Concilio ecuménico de Nicea en el año 325. Con el tiempo se fueron agregando a la Navidad otras fiestas con el fin de profundizar mejor en los diferentes aspectos de su mensaje.

Así, la celebración de la fiesta cristiana del 25 de diciembre en la iglesia de Roma se remonta aproximadamente al año 330. El Papa Julio fijó la fiesta por el año 337. Y la del 6 de enero, fiesta de la Epifanía entre las comunidades de Egipto, se extendió por el año 361 como una gran fiesta en la Galia (hoy Francia). A estas se agregaron: la fiesta de la Presentación que ya se celebraba en Jerusalén por el año 386; la fiesta de santa María Virgen y Madre que se afianzó por el tiempo de Sixto II (432-440); la fiesta del Bautismo del Señor que surgió por el siglo VIII (años 700); y finalmente la fiesta de la Sagrada Familia que se instituyó hasta 1921; constituyendo todas estas el tiempo de Navidad como lo encontramos hoy en el calendario litúrgico.

En México, la primera Misa de Navidad o “Misa de Gallo”, dentro de una iglesia fue presidida en el siglo XVI por Fray Pedro de Gante.

La religiosidad popular ha agregado a las fiestas navideñas de las manifestaciones del Señor en al carne, algunos símbolos, como el pesebre o nacimiento y la veneración de la imagen del Niño Dios, el árbol de la navidad, la misma cena navideña, los regalos que traen ya sea el Niño Dios el 24 de diciembre o los Magos el 6 de enero, finalmente las velas de la divina providencia como expresión de la confianza del fiel en el amor de Dios que proveerá de todas sus bendiciones a lo largo del año.

El árbol de Navidad
Además del “nacimiento”, también es costumbre en el tiempo de Navidad, poner el árbol, pero: ¿Conoces cuál es su significado?

El árbol y sus adornos se remontan a más de 2500 años antes de Cristo. En aquel entonces, cada año en el solsticio de invierno, los antiguos germanos rendían culto a su dios “Odín” a través del canto y el baile en torno a un gran árbol de encino.

A mediados del siglo VIII el misionero san Bonifacio, en uno de sus sermones, derribó el árbol y en su lugar plantó un pino, como símbolo del amor perenne de Dios y lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano. Cada uno de estos elementos nos debe ayudar a profundizar en el misterio de la Navidad. En seguida reflexionaremos sobre sus significados.

El árbol representaba el paraíso, el jardín perdido (Gn 2, 9-17) donde el hombre le falló a Dios, pero que fue nuevamente levantado y redimido. Entonces el árbol nos recuerda el origen de nuestra desgracia: el pecado, y el origen de una nueva vida “un vástago nacerá del tronco de David” (Is 11, 1).
Las lustrosas manzanas poco a poco se cambiaron por esferas simbolizando las oraciones que hacemos durante el Adviento, y que según el color es el tipo de oración: las azules son oraciones de arrepentimiento, las plateadas de agradecimiento, las doradas de alabanza y las rojas de petición.

Te proponemos adornar el árbol de navidad a lo largo de todo el Adviento, explicando a los niños el significado que tiene. Deja que los niños elaboren sus propias esferas con una oración o un propósito en cada una. Conforme pasen los días las irán colgando en el árbol de navidad hasta el nacimiento del niño Dios.

Las velas se cambiaron por focos y representan la alegría, la luz que Jesucristo trajo al mundo para alumbrar nuestro ambiente social especialmente a la familia y a la comunidad, sacándonos de las tinieblas del pecado y guiándonos en nuestro peregrinar hacia la casa del Padre.
La estrella que se coloca en la punta del árbol representa la fe que debe guiar nuestras vidas. Nos recuerda que el acontecimiento del nacimiento de Jesús ha traído la verdadera alegría a nuestras vidas, a nuestra familia.

Los regalos colocados al pie del árbol simbolizan aquellos dones que los reyes magos presentaron al niño Dios. Además nos recuerdan que tanto amó Dios Padre al mundo, que le entregó a su único hijo para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

El árbol de navidad tuvo su origen en Alemania, Boston en 1912, empleándolo los evangelizadores para representar El árbol del bien y del mal que a vez simboliza la esperanza de nuestra redención. La costumbre de que fuera pino, resultó ser este el más común de que aquel país en conservar el verdor a pesar de los crudos inviernos que lo cubrían de nieve y escarcha. Es símbolo de Cristo que murió en un madero santo para darnos vida.

Las esferas: son de variados colores significan los frutos que penden del árbol y que saboreándolos nos hacen felices, así Jesús cando fue colgado del madero, con su muerte y resurrección nos ha dado el fruto de la Redención. Nos invita también a que nosotros alimentados de él en la Eucaristía, demos frutos de conversión familiar.

Los regalos: cuando amamos a una persona, buscamos hacerla feliz y un medio es el regalo. Dios nos hace felices dándonos a su propio Hijo desde hace 2000 años para nuestra eterna felicidad. ¡Qué grande amor! ¡Qué gran intercambio! ¡Qué regalo!

Las campanas: ellas lanzan siempre mensajes al aire con su teñir, ya sea de alegría o de tristeza. Pero en el caso del nacimiento del Hijo de Dios revolotean alegres comunicándonos a todos los lugares de la tierra ese gran mensaje de salvación para la humanidad.

Arreglos secos: estos arreglos nos sugieren una reflexión indirecta; lo que está seco no tiene vida por lo tanto, cada vez que nos alejamos de Jesús estamos secos a la vida de la gracia.
La flor de Noche Buena: esta flor llamada así o en su nombre original huitlaxochitl (náhuatl) (significa: flor que se marchita luego), simboliza la vida del hombre, para quien lo más valioso es ofrecerla a Dios y que así no se marchite eternamente. Is 40, 7-8 es un aporte de México al mundo.
 


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