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llegó a formar un cuerpo de cantos navideños, llenos de ternura
y de mensajes de amor, para cantarse junto al pesebre del Divino Niño
Jesús, y se denominaron villancicos. Desgraciadamente se ha perdido
o devaluado este patrimonio con la comercialización y secularización
de la Navidad.
El
nombre de Villancicos viene de la palabra “villanus”: habitante de aldea,
campesino, morador de las viñas; por oposición a “urbanus”,
el habitante de la ciudad. Villano no tenía, pues, un significado
de despreciable y déspota, sino de sencillo aldeano. Los villancicos
eran sus canciones, de amor o desdén, en medio del trabajo y des
sus fiestas. Se acompañaban, no de órgano y orquesta, sino
de flauta, arpa, cítara, pandero, u otros instrumentos sencillos.
Las cantaban en las fiestas florales de Venus en el mes de mayo, o las
de Adonis, adornados de flores. Solo más tarde el cristianismo las
dedicaría a Jesús Niño.
San
Jerónimo nos habla de villancicos que hablan sobre el Misterio de
la Encarnación. Pronto comenzaron a concentrarse en el invierno.
Los celtas y los germanos celebraban el Nacimiento del Sol el 25 de diciembre.
En Roma, el emperador Aureliano impuso el culto al sol, en el marco de
los misterios de Mitra. Y ese día quedó como fiesta “Natalis
solis invictus”. El 22 de diciembres la noche más larga y el día
más corto del año, a partir de ese día comienzan a
crecer los días, indicando victoria del sol sobre las fuerzas de
la noche. Los cristianos aplicaron a Cristo el simbolismo del sol y cristianizaron
la fiesta. Aparece ya en el año 336 en el calendario Filocaliano,
bajo el Papa Julio I.
El
año 526 el Papa Félix III pide al monje Dionisio el exiguo
que “arregle el calendario contando los años a partir del Nacimiento
de Jesús”. Calcula que Jesús nació el 25 de diciembre
del año 754 de la fundación de Roma. Su calendario se fue
imponiendo en los pueblos mediterráneos. Sólo siglos después
se percataron de que se había equivocado con unos 4 ó 6 años.
Mas la fiesta del Nacimiento de Cristo ya se celebraba el 25 de diciembre.
En
1223, San Francisco de Asís, en una cueva de Greccio (Rietti) hizo
un Nacimiento viviente, donde celebró la Misa, y pasaron la noche
entre cánticos y luces. Esa práctica atrajo multitudes. Se
fue repitiendo en otros lados, sustituyendo los personajes por figuras
fabricadas por artesanos. Se le llamó “nacimiento”, “Belén”,
“Crib”, “Presepio”. Y en torno a él la gente cantaba cantos de tono
sensible e ingenuo, expresando los sentimientos de María y los pastores
en el Portal de Belén.
Casi
todos los místicos, como Sta. Teresa de Ávila y Sn. Juan
de la Cruz, compusieron villancicos. Pero la mayoría de éstos
son anónimos, nacidos del pueblo, con más corazón
que cabeza. Y esa tradición la conservaron los protestantes, que
pretendían evangelizar mediante la Palabra y los himnos. Lucero
compuso algunos como “Desde el alto cielo”, “Alabado sea el Señor”,
“Desde el cielo llegó la multitud de ángeles”.
En
Europa se apagó la costumbre con la Ilustración o Siglo de
las Luces. Pero en México, donde apenas iniciaba la evangelización,
florecieron. En 1528 Fray Pedro de Gante hizo el primer Nacimiento, y con
sencillos instrumentos nacieron los villancicos originales.
El
Romanticismo del siglo XIX revivió los villancicos. Los más
famosos que tenemos son de ese tiempo. Por ejemplo: “Stile Natch” se cantó
por primera vez en la iglesia de San Nicolás en Oberndorf, Austria,
la noche del 25 de diciembre de 1818, por el autor Franz Xaver Gruber,
y el párroco Joseph Mohr, acompañados con guitarra, pues
el órgano estaba descompuesto.
A
fines del siglo XX, los villancicos más populares se secularizaron
al llevarse a bailes e interpretaciones por grupos musicales que tenían
amplio mercado disquero. Y se compusieron nuevos, más comerciales
que devotos y populares.
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