| El
simpático personaje de caricatura, regordote, de larga barba blanca,
con traje nórdico de invierno color rojo, esquiando los cielos en
un trineo jalado por ciervos, con la característica carcajada, no
deja de ser un intruso. La fiesta de Navidad celebra a Jesucristo
y lo felicita por su nacimiento en nuestra carne mortal. Pero Santa Claus
lo ha desplazado, presentándose como Papá Noel y trayendo
los regalos a los niños. Ya no consideramos que Dios nos da el gran
regalo de su Hijo, y por eso no intercambiamos regalos simbólicos,
sino que los atribuimos al interesante monito barbón.
Pero
este personaje tiene origen cristiano, que deberíamos restablecer.
Se trata de San Nicolás, obispo de Mira. Sus leyendas se fueron
difundiendo por varias partes de Europa, originando algunas prácticas.
Y el nombre se fue deformando: Sant`Nicolaus, Santo Klauss, Sint Klaes,
Sisterklaas, Santa Claus, Santo Clos, Shenkoll. O, para evitar confusiones:
“el papá en la navidad”: Papá Noël. Del 6 de diciembre
se pasaron las tradiciones al 24, sin desplazar a Jesús del centro
de Navidad.
Primero
se le representaba en traje de obispo. Luego le fueron añadiendo
una barba cada vez más larga. Thomas Nast, caricaturista americano,
lo diseñó para una serie de dibujos navideños en la
revista Harper`s Weekly de 1863. Se imprimió en tarjetas en 1886.
Y se popularizó esta figura, pero desacralizado, hasta hacer olvidar
a Jesús que nace.
San
Nicolás es santo protector de los niños, de los farmacéuticos,
de los prestamistas, de las muchachas pobres, y con San Andrés es
patrono de Rusia. Fue obispo de Mira (Turquía), y en Oriente se
venera desde el siglo IV. En Occidente sobre todo cuando se trajeron sus
restos de Bari, (Italia) en el siglo XI. En Liberia lo tienen como el santo
de la buena cerveza.
Nació
en Patras, de los ricos y piadosos Epifanio y Juana. Repartió entre
los pobres su cuantiosa herencia. En secreto regaló dinero a un
padre desesperado que no podía casar a sus hijas por no tener la
dote; Nicolás envolvió el dinero en un lienzo y por la noche
arrojó el envoltorio por la chimenea. Así les salvó
de prostituírse en los bares de alterne. Libertó a 3 oficiales
encarcelados injustamente por Constantino.
Su
tío, arzobispo de Mira en Lisia, lo ordenó sacerdote. Salvó
a un niño perecido entre las llamas. Liberó a 3 marineros
del peligro de naufragio. Un hospedero había condenado a muerte
a 3 estudiantes que los metió en una caldera para hervirlos pero
el P. Nicolás los salvó, pagándole la pensión
que le debían; por eso se le representa con unos niños en
un barril. Con su tío asistió al Concilio de Nicea, y dio
una bofetada a Arrio enojado porque negaba que Cristo fuera Dios.
En
una peregrinación a Tierra Santa quiso quedarse el resto de sus
días en una gruta en Belén, pero su tío lo nombro
abad de un monasterio y debió regresar a Mira. Al morir su tío,
el pueblo lo eligió como su sucesor. Aunque se escapó, fue
sacado de su escondite y consagrado obispo.
Las
relaciones con el Imperio Romano eran tirantes. En la persecución
de Galerio (305), bajo Dioclesiano, fue encarcelado y torturado, pero recobró
la libertad bajo Constantino. Siempre sonriente, murió a los 65
años, en el año 345. De su sepulcro, hasta la fecha, sale
un agua milagrosa.
En
el año 1087, Mira cayó en manos de los turcos. Los marineros
de Bari se apoderaron de sus restos, entre un acto de piratería
y de devoción para salvar sus restos de la profanación, y
los llevaron a su ciudad. De Bari se difundió su culto y se llenó
de leyendas.
En
el siglo XII, recordando que había resucitado a los 3 niños
la víspera de los santos inocentes se comenzó a regalar dulces
a los niños. Pronto lo consideran vencedor de Pedro “el Negro” (el
diablo), quien ese día es encadenado, permitiendo al santo cabalgar
por los tejados y arrojar caramelos y juguetes por la chimenea. En los
países nórdicos es el día de los aguinaldos. Representan
a Sinterklaas montando un caballo blanco, con una mitra sobres sus cabellos
de plata, empuñando un báculo, sonriendo, acompañado
de su escudero Pikki, un gordinflón con un costal para meter ahí
a los niños malos. Influidos por los mitos germánicos de
la naturaleza, lo fueron relacionando con el hombre del invierno, el pagano
Weihnachtsmann.
En
Holanda, hacia el siglo XIII, los marineros le erigieron muchos monumentos.
Le declararon protector de los niños. Suponían que San Nicolás
había nacido el 6 de diciembre, así que el siguiente siglo,
cada 6 de diciembre, los niños recorrían las calles pidiendo
a coro: “el dinero del obispo”, y en las escuelas un monje se viste de
manto rojo y barba larga para repartirles regalos.
Los
colonizadores holandeses llevaron a Estados Unidos este personaje ya deformado
por leyendas y mitos, hasta en su nombre y la fecha y el consumismo navideño
promovido por ese país ha hecho que se popularice Santo Claus.
Demos
a cada uno su lugar: a Cristo, el puesto central, pues en Navidad le felicitamos
por su Nacimiento, principio de nuestra salvación. A su servicio,
San Nicolás, y el hombre del invierno, pues todos y todo se somete
al imperio del Mesías. Imitemos su caridad y no nos quedemos en
la comercialización de su figura. |