| Imposible
que los migrantes no conserven sus raíces religiosas en un mundo
técnico y acelerado al cual llegaron. Gracias a los hispanos, los
Estados Unidos conservaron valores espirituales, y se ha ido cristianizado
su salvaje capitalismo neoliberal.
Los
hijos ausentes de nuestra comunidad se fueron con la bendición de
sus papás, abuelitos, padrinos. Imposible que no den también
la bendición a sus hijos e hijas que van a salir.
Las
familias mandan aplicar Misas por ellos, los tienen en cuenta en las peticiones
de su acción de gracias de la Misa y en el rosario, hacen visitas
al Santísimo por su intención.
Hacen
mandas y promesas a Dios, a la Santísima Virgen, a los santos, para
que encuentren trabajo y no caigan en vicios. En los altares caseros encienden
veladoras durante el tiempo de su travesía.
La
Misa del Migrante que celebra el señor obispo en Santa Ana cada
primer domingo de septiembre es muy frecuentada. Igualmente es apreciado
el día del ausente en las fiestas.
Muchos
acuden al sacerdote a confesarse y recibir la bendición al despedirse,
cobrando nuevas fuerzas.
El
día del ausente en las fiestas quiere que sea muy sonado, con sobrada
cohetería, pues son la fuerza económica principal del pueblo.
El
Santuario de Santo Toribio Romo en Santa Ana es muy concurrido, y muchos
le atribuyen al patrono popular de los migrantes el milagro de cruzar la
frontera.
Bendicen
sus camionetas, “trocas”, en las que viajan, o que dejan como chocolatas.
Aprovechan
su estancia en la casa paterna para celebrar fiestas familiares, como bodas
de plata o de oro de los papás, o para apadrinar la Primera Comunión
de sobrinos y conocidos.
Llevan
crucifijos, imágenes, escapularios, medallas, oraciones y libros,
que les ayudan a conservar su fe en un ambiente materialista y agresivo.
Con
muchas dificultades, procuran participar los domingos, o el sábado
por la tarde, en la Misa en español. Desgraciadamente sólo
un 12 % tiene asistencia regular a Misa dominical. Pero llegando a su pueblo,
aprovechan la felicidad de la Misa diaria.
Donde
quiera buscan celebrar a la Morenita del Tepeyac el 12 de diciembre, con
mañanitas, danza, peregrinaciones, Misas, entradas de rodillas,
ofrendas, etc.
Han
ido introduciendo la costumbre de posadas y acostamiento, de rosarios y
via crucis, de altares de muertos y novenas.
La
muerte de un migrante es muy sentida, aunque sólo puedan visitar
el cuerpo durante las 2 horas que la funeraria les ofrece, y tienen trabajo
todos. Colectan para pagar su traslado y repatriar sus cuerpos, a fin de
que en su tierra tengan su velorio, Misa y entierro.
Cuando
muere aquí un ser querido, abuelos, madres, hijos, los indocumentados
se la piensan para venir, no sólo por la urgencia de hallar vuelo,
sino por el riesgo de no poder regresar.
No
es tan sencillo irse al norte. Deben conseguir dinero, encargar su casa,
animales y trabajos, contactarse con parientes y amigos para tener dónde
llegar, preparar sus papeles, contratar al coyote, enganchador o chalán
piden una carta de la parroquia, otros hasta consultan al adivino o las
cartas.
Por
éso, en la vela que ofrecen en la fiesta, cuántos esfuerzos,
sudores, lágrimas y sueños están contenidos y entregados.
Los
miedos de los indocumentados, que son perseguidos, y deportados. La zozobra
del trabajo y la búsqueda de lugares de refugio. La desconfianza
por las redadas hasta terminales, calles, centros comerciales, lugares
de trabajo. La facilidad para caer en la droga, la delincuencia, o pasarse
a una secta.
La
Virgen de Guadalupe es un factor que mantiene su fe en medio de las prisas
y conflictos de una sociedad sin alma.
Por
éso, no vienen a ver a su Madre con las manos vacías ni el
corazón seco. Antes que el mariachi, la banda, la cantina, el billar,
el restaurante o la excursión, dedican su tiempo y dinero a su religión.
Bienvenidos,
hijos ausentes, a sus fiesta en Valle de Guadalupe. No han dejado de ser
parte de nuestra familia.
Facundo
Cabral y Alberto Cortés así cantan:
No
me llames extranjero
porque
haya nacido lejos
o
porque tenga otro nombre,
la
tierra de donde vengo.
No
me llames extranjero
porque
fue distinto el seno
o
porque acunó mi infancia
otro
idioma de los cuentos…
No
me llames extranjero,
si
en el amor de una madre
tuvimos
la misma luz,
en
el canto y en el beso
con
que nos vuelven iguales,
las
madres contra su pecho.
No
me llamas extranjero,
ni
pienses de dónde vengo,
mejor
saber dónde vamos,
a
dónde nos lleva el tiempo.
No
me llames extranjero
porque
tu pan y tu fuego
calman
mi hambre y mi frío
y
me cobija tu techo…
El
hambre no avisa nunca,
vive
cambiando de dueño.
No
me llames extranjero,
porque
son iguales los rezos
y
el amor de la que sueña
con
el día de nuestro regreso.
No
me llames extranjero,
traemos
el mismo grito
el
mismo cansancio viejo,
que
viene arrastrando el hombre
desde
el fondo de los tiempos.
Cuando
no existían fronteras
antes
de que vinieran ellos,
los
que dividen y matan
los
que roban y mienten
los
que venden nuestros sueños
ellos
son los que inventaron
esta
palabra: extranjero.
No
me llames extranjero
que
es una palabra triste,
es
una palabra helada
huele
a olvido y a destierro…
No
me llames extranjero,
mírame
bien a los ojos
mucho
más allá del odio
y
verás que soy un hombre
y
no puedo ser extranjero
no
me llames extranjero.
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