| En
la Misa de media noche para iniciar el 12 de diciembre, en la Basílica
de Guadalupe, Mons. Diego Monroy Ponce, rector de esa insigne basílica
nacional, anunció la celebración del 475º aniversario
de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac,
y el Año Jubilar preparatorio, iniciado con dicha celebración
y que culminará el 12 de diciembre del 2006.
Nosotros,
como parroquia y pueblo dedicado especialmente a esa advocación
mariana, con la protección especial de Santa María de Guadalupe,
no podemos estar al margen de esta celebración. El hecho guadalupano
debe iluminar las distintas dimensiones y coyunturas de este año.
Por
ejemplo: 2006 es año electoral. Santa María de Guadalupe
ha ido forjando nuestra nacionalidad e identidad mexicana, ayudándonos
a superar las distintas crisis y carencias. Nos ayudará a crear
un proyecto de nación conforme al plan de Dios, y nos unirá
como familia a pesar de tanta diversidad de oposiciones políticas,
ahora que debemos elegir responsablemente a quién guíe en
los próximos 6 años los destinos de nuestra patria y nuestro
Estado de Jalisco, y por 3 años nuestro municipio.
El
eco de la beatificación de los mártires laicos, que con su
sangre testimoniaron a Cristo, como realización suprema del compromiso
de la Confirmación, halla relación con María, la reina
de los mártires y testiga de Cristo. Los mártires murieron
al grito de ¡Viva Cristo Rey y santa María de Guadalupe!,
defendiendo su patria de quienes le pretendían arrancar sus más
profundos valores constitutivos.
Los
40 años del Concilio Vaticano II, expresados en el IV Plan diocesano
de Pastoral, no son ajenos a la Morenita del Tepeyac, la primera evangelizadora
y estrella de la nueva evangelización. Así como significó
el renacimiento del pueblo indígena en la nueva cultura mexicana,
así hará rejuvenecer nuestra nación en la vida de
Cristo, en las concretas condiciones de vida actuales. En esa misma línea
va la preparación a la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano,
a realizarse en Brasil 2007, cuyo Documento de Participación se
estudia en todas nuestras comunidades par ofrecer nuestro aporte.
En
nuestra parroquia restablecemos la celebración de la Salve Guadalupana
los días 12 de cada mes, con alguna modalidad. Cada mes se encarga
un grupo parroquial o un barrio de organizarla, buscando si invita sacerdote,
coro, banda o grupo musical, pone flores, y qué otra cosa organiza
para solemnizarla. Ese grupo o barrio invita a la comunidad y a los demás
grupos, y preside la procesión de los estandartes. La salve comienza
con la procesión de banderas y estandartes a la segunda de Misa,
de la cochera al templo parroquial. Estarán durante toda la Misa,
y rendirán sus banderas a la Consagración. Al final de la
Misa se colocarán frente al presbiterio para la salve final.
Nuestra
bella Imagen Guadalupan, salida del corazón devoto y del pincel
de D. David Cardona, no ha recibido coronación. Con la aportación
de alhajas de sus devotos y donativos, podemos encargar la confección
de una bella y rica corona, y pedir al Señor Obispo la Coronación
diocesana de nuestra Imagen, por ejemplo para el 12 de diciembre.
Y de
la creatividad del pueblo pueden surgir otras muchas iniciativas que despierten
en nosotros el sentido de ser pueblo cristiano y guadalupano. |