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Sr. Cura Francisco Estrada
Por: Elioven Martin
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Agosto 2008

Sr. Cura Francisco Estrada

El nuevo párroco nace en San Ignacio Cero Gordo el 9 de abril de 1954. Su papá, Simón Estrada, muere 3 meses antes de nacer Francisco. Con su mamá Andrea Ríos y su hermana Juanita enfrentan la vida. Apoya a su familia el P. Agustín Montes.
El 1 de septiembre entra al seminario auxiliar a San Juan de Los Lagos para hacer la secundaria, junto con el P. Ramón Pérez Mata. Sigue en Guadalajara la preparatoria y humanidades, y en Tapalpa el curso introductorio.


En agosto de 1974 inician el seminario mayor diocesano de San Juan de Los Lagos como fundador de la facultad de filosofía, en el mismo grupo del P. Jesús Arellano, Francisco Escobar y Ramón Pérez Mata.
Después del 1º de Teología, presta su servicio un año como coadjuntor en el seminario menor de Lagos de Moreno, junto con el P. Rafael Villalobos (+) y el P. Ramón Pérez Mata. Terminada la Teología, va a San Sebastián y a Santa Rita.

El 23 de abril de 1983 recibe el orden del diaconado de manos del sr. José López lara, cuando sus compañeros se ordenan sacerdotes. Y el 3 de diciembre del mismo año recibe la ordenación sacerdotal del mismo Sr. López Lara, junto con el P. Luis Javier De Alba Campos y el P. Salvador Sánchez.

Ha tenido varios destinos ministeriales; vicario parroquial de Degollado (1984-1987); vicario parroquial de San Francisco de Asís (1987-1988); vicario parroquial de Pegueros (1988-1989, con el Sr. cura José Aceves, de quien toma gusto por la pastoral social); vicario fijo en El Saucillo ( 1989- 1997; muere su mamá el  2 de abril de 1997); vicario adscrito en San Miguel El Alto (1997-1998, con su compañero el P. Raúl Gómez); párroco de El Refugio en Lagos de Moreno (1998-2005); párroco de Mezcala de Los Romero (2005-2008).
A partir del 8 de agosto, párroco de la parroquia de nuestra Sra. de Guadalupe con sede en Valle de Guadalupe.  Sucede así al P. Francisco escobar, ahora vicario de pastoral, y es el octavo párroco de esta comunidad.
El primero es el mítico Don Lino C. Martínez (capellán de  1885-1910, párroco de 1910-1918). Le sucede el Sr. cura José Isabel jarcia de Alba (1919-1922). Pasa como ráfaga el poeta jalostotitlense Alfredo R. Plascencia (del 18 de agosto al 7 de diciembre de 1922). Continua el señor cura Teodoro García Armas (1922-1941). Le sigue el inolvidable señor cura Rafael Pérez (1941-1972). Luego el señor cura Mariano Ramírez (llega el 16 de julio de 1969 como administrador parroquial, y desde el 29 de julio del 72, párroco hasta su muerte, 18 de abril de 1999). El último el señor cura Francisco Escobar (1999-2008).
No estamos acostumbrados al cambio de un párroco, pues durante más de 50 años no se había dado en este pueblo pero es algo normal en las diócesis; ya no se quieren párrocos vitalicios, como patriarcas de una familia grande, han cambiado mucho las circunstancias de la vida, y por salud mental se pide que a unos años de servicio de cambie de campo de acción.

Los organismos pastorales, formados sobre todo por laicos son los que aseguran la continuidad. Al señor cura Estrada le tocará vivir momentos importantes con la comunidad, con el 75 aniversario de la adoración nocturna, y el centenario de la parroquia.

El documento de aparecida considera a los sacerdotes párrocos como los animadores de una comunidad de discípulos misioneros: “la renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un autentico discípulo de Jesucristo, por que solo un sacerdote enamorado del señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración”. (A 201)
“Pero, sin duda, no basta la entrega del sacerdote. Se requiere que todos los laicos se sientan corresponsables en la formación de los discípulos en la misión. Eso supone que los párrocos sean promotores y animadores de la diversidad misionera y que dediquen un tiempo generosamente al sacramento de la reconciliación. Una parroquia renovada multiplica las personas que prestan servicios y acrecentar los ministerios. Igualmente, se requiere imaginación para encontrar respuesta a los muchos y siempre cambiantes desafíos que plantea la realidad, exigiendo nuevos servicios y ministerios. La integración de todos ellos en la unidad de un único proyecto evangelizador es esencial para asegurar una comunión misionera” (A 202).

 

 
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